Salimos de Burgos a las 9 de la mañana. Hace un día soleado, y este tiempo nos acompañará en todo el recorrido por Bretaña. En Normandía nos tocará mojarnos un poco casi todos los días.
La distancia es de casi 800 kilómetros, pero como vamos a utilizar bastantes tramos de autopista, esperamos llegar sin problemas al atardecer. Vamos turnándonos en la conducción cada dos horas, y hacemos alguna parada para tomar café. Los dos llevamos encima una sensación extraña de ansiedad y hablamos poco. Al mediodía pasamos por la circunvalación de Burdeos (Bordeaux) y hay un pequeño atasco de quince minutos, tras el cual sabemos que en una hora y media, tras comer en una estación de servicio de la autopista, llegaremos a Saintes, donde veremos alguna cosa interesante, además de andar por sus calles.
Saintes, situada en la región de Nueva Aquitania, es una ciudad de aproximadamente 26.000 habitantes. Es una ciudad dispersa. A mí no me gustó mucho. Sí, vale, tiene un anfiteatro “galo-romano” creado entre el 40 y el 50 d.C. con un aforo de 15.000 espectadores.
También hay un camino bastante desolée de acceso a la oficina-salón-de-té donde se sacan las entradas para bajar a la arena/gravilla, pero cuando te acercas a la puerta de los vivos o a la de los muertos, difícilmente te trasladas al siglo I para pelear a muerte. Bueno, de acuerdo. Las piedras siguen en su sitio (no seremos nosotros quienes les enseñemos a los antiguos romanos a construir cualquier cosa de manera perfecta con piedras) y eso sólo vale la visita. Pero poco más. En varias calles vemos casas de piedra, pero no es ésta la zona de casas entramadas que queremos ver.
Después de tomarnos un refrigerio en una terraza, volvemos al coche con rumbo a Nantes,
llegando al Hôtel Restaurant Ibis Nantes Saint Herblain, en la periferia de la ciudad, hacia las ocho de la tarde. Lo dirigen un grupo de jóvenes amables y
muy dinámicos. Dejamos el coche en el aparcamiento y cogemos el tranvía a doscientos metros, para ir al centro de la ciudad.
‘Nantes,a orillas del Loira, es una ciudad de unos 300.000 habitantes. Capital de la región de Países del Loira, históricamente se encuentra en la parte bretona. De hecho, a mediados del siglo XI, el Conde Hoel de Cornouaille heredó el condado de Nantes y desposó a la heredera del ducado de Bretaña.
A finales del siglo XV, el rey Carlos VIII la volvió a sitiar y se desposó con la Duquesa Ana de Bretaña, quedando incorporada la Bretaña al dominio real. Nantes dejó de ser la capital de la Bretaña en beneficio de Rennes.
Durante la revolución francesa repelieron todos los ataques de los vendeanos y sólo en 1793 consiguieron someter la ciudad bajo el mando de Jean-Baptiste Carrier, quien dejó un recuerdo de ejecuciones e injusticias que jamás se borró de la memoria de sus habitantes.
Nantes fue ocupada durante la Segunda Guerra Mundial por los alemanes desde junio del 40 hasta agosto del 44. En junio de 1955 se crearon nuevas regiones, y Nantes quedó en la región de Países del Loira, separada de las regiones bretonas, pese a lo cual buena parte de los habitantes se siguen considerando culturalmente bretones’.
Es de noche, y tras dar un paseo por la Place Royale y las calles circundantes, tomamos algo en la Crêperie Le Milan & Le Rossignol, vemos por fuera el Passage Pommeraye, paseamos por la Place Graslin y volvemos en tranvía al hotel. Nos tomamos una cerveza y a dormir. Despertador a las 07:00.








