26/10/2026

Día 3: Rochefort-en-Terre – Guérande – Le Croisic – Vannes -Pontivy

   Son las ocho de la mañana. Me he afeitado y nos hemos duchado. Pronto vendrá François con el prometido desayuno. Insistió en llevárnoslo al estudio, y aquí llega con él. Un desayuno completo: café con leche, zumo, mantequilla, mermelada y pan tostado. También hay algo de embutido, pero no estamos acostumbrados a tomarlo.

Rochefort-en-Terre
Rochefort-en-Terre

   Tras pagar la estancia completa llevamos las maletas al coche y volvemos al pueblo. Lo cruzamos entero, y en la entrada opuesta al parking encontramos el acceso al Château de Rochefort-en-Terre.

   Se inició su construcción en el siglo XI, ya que era parte de un camino que conectaba el interior con la costa. En el siglo XII junto a la fortaleza se levantó la pequeña ciudad y la colegiata. La familia Rochefort reinó en este feudo desde 1247. Entre los siglos XIV y el XVI es propiedad de la familia de Rieux-Rochefort. Durante el reinado de esta familia la ciudad se vuelve próspera y toma el aspecto actual. Dañado durante la guerra de la religión en 1594, en 1658 fue propiedad del presidente del Parlamento de Bretaña, el señor de Larlan que lo alteró. El castillo fue destruido por un incendio durante la Revolución, pero a finales del siglo XIX Rochefort fue visitada por numerosos pintores encantados por las antiguas casas llenas de historias. El pintor estadounidense Alfred Klots se enamoró de Rochefort, y en 1907 compró las ruinas del castillo. Después de la guerra construyó la mansión actual. Murió en 1939 y su hijo Trafford seguirá yendo a Rochefort. Finamente, en 1976, el Consejo General de Morbihan compró el castillo a la familia Klots.

   Paseando por sus jardines hemos visto a un grupo de personas preparando un fin de semana cultural. El edificio principal está cerrado, así que tras ver el pueblo desde lo alto, retomamos el camino al pueblo, dirigiéndonos a la Iglesia de Notre-Dame-de-la-Troncheye.

   En un nivel inferior al del centro del pueblo, junto a una plazoleta nos encontramos con esta iglesia.

   Está clasificada como monumento histórico desde el 22 de enero de 1931. Un monumento histórico, en Francia, es un inmueble o un edificio que recibe por decisión administrativa un estatus legal y una etiqueta destinada a protegerlo, debido a su interés histórico, artístico o arquitectónico.

   Normalmente, la iglesia ocupa, si no el punto central del pueblo, sí su punto más alto. No es el caso de esta iglesia, que hay que descubrirla en un terreno ligeramente inclinado. La originalidad del lugar corresponde a la leyenda en torno a su construcción.

   Cuenta la tradición popular que en el siglo X, durante las invasiones normandas, un sacerdote se escondió en el tronco de un árbol hueco con una estatua de madera de la Virgen con el Niño, para evitar su saqueo. Dos siglos después, una pastora encontraría en el mismo tronco a la Virgen y el Niño, y en este lugar se construyó la iglesia. De esta historia surge el nombre de «Nuestra Señora de Troncaye», ya que el término «troncaye» proviene de la palabra «tronco».

   Al convertirse en un importante lugar de peregrinación, Notre Dame de la Tronchaye se confirma con la instalación de una Colegiata a finales del siglo XV. Su presencia durará casi tres siglos, ya que sólo la Revolución decidirá suprimirla.

   Para el experto o el entusiasta de la arquitectura, el diseño de la iglesia es un atractivo. Aparece como un abigarrado conjunto de construcciones con diferentes estilos y épocas.

   Su construcción comienza en el siglo XII, descansando sobre un suelo de esquisto, la roca local. La configuración del terreno inclinado no se presta a este tipo de construcciones. El peso del edificio lo inclina. La inclinación de las columnas interiores de la colegiata dan testimonio de este hundimiento. Durante los siglos posteriores serán necesarios los contrafuertes para consolidar el edificio. Al convertirse en lugar de peregrinación, Jean IV, conde de Rochefort y mariscal de Bretaña, creó un colegio de cánonigos en 1498, que pasará de siete a trece a partir de 1527. Esta evolución conduce a la ampliación del coro y la elevación de la nave y los pasillos. La nave y el coro crean dos espacios distintos: el espacio de los canónigos, por un lado, y el espacio para los laicos, por el otro. En el siglo XVII se crea un segundo pasillo contiguo al sur, con el fin de acomodar al creciente número de fieles. Un retablo remplazará al púlpito instalado en el siglo anterior.

   La torre fortificada del crucero data de la capilla románica construida en 1125. En 1533, la fachada norte fue reconstruida en un estilo gótico flamígero, como lo demuestra la inscripción en la entrada: «En 1533 fue éste el trabajo perfecto» («En l’an 1533 fut cette œuvre parfaite»).

   El Calvario, del siglo XVI, tiene tres pisos de esculturas. Es la Biblia de los pobres; los sacerdotes lo usaron para enseñar la Biblia a los analfabetos. Este monumento es único en Bretaña para representar la Pasión y la Ascensión de Cristo.

   Y tras tomarnos un café con leche en una de las terrazas de Rochefort nos vamos del pueblo. En mi caso, con un sabor amargo: todo muy bonito e interesante, pero el pueblo no tiene vida social. A lo largo de este viaje estaré en lugares menos visuales pero con mucho más latido.

   Cogemos el coche y nos vamos a Guérande, a 47 kilómetros. Son las doce, y aparcamos con un poco de cara (o mucha) en el parking de los clientes de unos negocios. La verdad es que el pueblo tiene mucho movimiento de gente. En seguida enfilamos dirección a las murallas de la ciudad. Nosotros hemos venido a Guérande a ver la ciudad intramuros y algo de las salinas, así que «pasamos» de la zona de playas.

Guérande
Guérande

   Ciudad ocupada desde el Neolítico, el nacimiento de la parroquia se atribuye a Waroc’h (577-594), Príncipe de Vannes, de quien se dice que construyó un baptisterio en el sitio actual del coro de la Colegiata de Saint-Aubin. Hacia 848, bajo el reinado de Nominoë, la ciudad se convirtió en sede de un obispado, para posteriormente fundarse un colegio de cánones atribuido al rey bretón Salomón.

   Hacia el año 1000 se crearon las primeras defensas de la ciudad, junto a su organización política y administrativa, que no fueron suficientes para detener en 1342 a las tropas de Charles de Blois contra Jean de Montfort. Los tratados firmados a finales del siglo XVI pusieron fin a la Guerra de Sucesión y dieron paso a la «edad de oro». Más adelante se construyó un nuevo recinto fortificado.

   Las murallas de Guérande se iniciaron en el siglo XIV y se extienden 1300 metros. Tienen cuatro puertas con los cuatro puntos cardinales. Nosotros entramos por la norte, que es la Porte Vannetaise y salimos por la oeste que es la más importante de todas y es la de Saint-Michel. Las otras dos son la de Bizienne al oeste y Saillé al sur. En 1848 se hizo una adicional en el sudoeste: la posta de Tricot. Están consideradas monumentos históricos desde 1877. Como muestra de la arquitectura militar bretona, las murallas están flanqueadas por seis torres y cuatro puertas. Un foso corre desde la Torre Teológica hasta la Puerta de Bizienne. La Porte Saint-Michel sigue siendo el símbolo de este recinto fortificado. Ha sido completamente renovada, y da a la carretera de Saint-Nazaire (la del Espadón). Desde 1928 alberga el Museo Guérande.

   La Colegiata de Saint-Aubin (La Collégiale Saint-Aubin) está catalogada como monumento histórico desde 1853, y se encuentra en el corazón de la ciudad medieval, destacando su altura y su volumen. Su historia está marcada por numerosas construcciones y restauraciones. De la iglesia románica, quemada durante el saqueo de la ciudad en 1342 quedan la nave y sus pilares, algunos decorados con capiteles históricos. La actual construcción es de los siglos XV y XVI en un gótico flamígero, con ornamentos de la arquitectura religiosa bretona.

Vannes
Colegiata de Saint-Aubin

   Se convirtió en colegiata en el siglo IX bajo la advocación de San Aubin, obispo de Angers. Fue dañada durante la Guerra de Sucesión de Bretaña y fue restaurada tras la firma del tratado de paz de 1365, reconstruyéndose retablos, sillería del coro, reja, altares, púlpito, etc.

   Nada más atravesar la Puerta de Vannetaise nos encontramos la calle abarrotada de gente. Es casi la hora de comer en Francia, pero aquí está todo el mundo comprando en los puestos del mercado. En el primer puesto, una señora muy amable nos atiende sin prisa. A Cora le gusta llevar complementos artesanales (collares y sortijas) y a un precio muy bueno se compró ¡nueve! collares.

   En el puesto de enfrente cogió tres pamelas de colores diferentes para ella, su hermana y su madre. El día era fantástico, con el solete filtrándose por todas partes, pero sin hacer el calor castellano. Recorrimos las calles empedradas, dejándonos llevar sin prisa. De repente, en los escaparates de una tienda nos encontramos con figuras varias hechas con chatarra, y no sé si algo tuvo que ver la experiencia en la Isla de las Maquinas de Nantes, el caso es que entramos y admiramos las plantas y animales hechos con hierro. Nos compramos un gallo pintado con los colores de la bandera francesa (me recordó a le coq de la camiseta de la selección francesa de rugby de mis años jóvenes, con Serge Blanco) que nos costó 85€.

Guérande
Comida en Guérande

   Ya empezábamos a cargarnos con bolsas, y decidimos parar a comer algo rápido y rico. Al final, fue algo rico pero sin prisa. Paramos en la Crêperie La Flambée y nos tomamos unos crêpes con cidre. Teníamos como mesa un barril y pasaba la gente por la calle de un lado para otro. Como en casi todos los lugares en los que hemos estado, el turismo es interno. Estamos a cuatro horas de París. Comimos disfrutando del ambiente callejero, bien.

   Hacia las tres, y saliendo por la Puerta de Saint-Michel, fuimos al coche y nos dirigimos a las salinas de Guérande (por la Route des Marais). No nos dijeron mucho, y tras parar un par de veces en la orilla de la carretera para ver algunas zonas compartimentadas, decidimos salir de allí y tras pasar por la península de Le Croisic nos encaminamos hacia el norte. Mientras hablábamos en el coche de la mañana, y tras recorrer 78 kms. en dos horas, llegamos a la ciudad de Vannes .

   Y aquí, y ahora, debo confesar algo: me equivoqué. Eran las seis cuando llegamos, y anduvimos por parte de sus calles un par de horas. Cuando íbamos hacia Pontivy esa noche, Vannes no nos había gustado. Era sábado por la tarde, un día fantástico de temperatura, etc., pero el sabor era malo. Y me equivoqué, porque volvimos al día siguiente y la experiencia fue diametralmente opuesta: maravillosa.

Vannes
Vannes

    Estuvimos por la zona de la Basílica Catedral de San Pedro , la Place du Général de Gaulle, y ya cuando volvíamos al coche, hicimos unas fotos a una casa diferente. De repente, salió de la casa un joven de unos 40 años, que tenía en la planta baja su negocio, y nos dijo que era la casa más antigua de Vannes (del siglo XIV).

   A las ocho nos fuimos a Pontivy (45 minutos) y como habíamos quedado con los propietarios del hotel en el que íbamos a pasar dos noches que llegaríamos tarde y que nos dejarían las llaves en una consigna, nos fuimos a cenar al centro de la ciudad. En 32, Rue du Pont (Place du Martray) cenamos como señores en el Restaurant Le Martray. La atención fue exquisita (delicada, excelente, deliciosa), y cenamos por 41.6€:

   – escalope de veau à la normande,

   – médaillon de mousse de canard et sa confiture d’oignons,

   – tarte fine chaude aux pommes et sa glace vanille.

   – cidre (25cl.)

   Os pongo algunos precios como referencia. En una terraza, bien comidos y bien bebidos, no creo que sea un precio exagerado, ¿verdad? El único problema en muchos sitios es el horario. Hasta las nueve, no tienes problemas para cenar. A las diez ya es mucho más complicado (incluso en verano).

   Como al llegar a Pontivy habíamos ido a localizar el hotel, y habíamos dejado el coche cerca, volvimos dando un paseo hacia el mismo (10 minutos), recogimos las llaves de acceso al hotel y a la habitación y nos fuimos a dormir. En el coche dejamos las compras de Guérande, y en la cama teníamos los recuerdos del día. De todos los colores.

   «¿No has venido nunca a Vannes, d’Artagnan?»  (Alejandro Dumas, Los tres mosqueteros.)

Rochefort-en-Terre
Rochefort-en-Terre

Guérande
Guérande

Le Croisic
Le Croisic

Vannes
Vannes

Pontivy
Pontivy

Día 3 de agosto. Rochefort-en-Terre – Guérande – Vannes – Pontivy

Ruta día 3
Ruta de la jornada 3

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