24/10/2026

Día 2: Nantes – Saint-Nazaire – Rochefort-en-Terre

   Después de ducharnos y desayunar tranquilos, con los mapas y el cuaderno de viaje en la mesa, cogemos el tranvía que tras cruzar la zona oeste de la ciudad durante 30 minutos nos deja en el centro. Hace una mañana maravillosa, y mirando a derecha e izquierda, nos dirigimos al Jardin des Plantes (Jardín Botánico).

Jardín Botánico de Nantes
Jardín Botánico de Nantes
Jardín Botánico de Nantes
Jardín Botánico de Nantes

   Situado en el centro de la ciudad, este Jardín de más de siete hectáreas y creado en tiempos de Louis XIV (Luis XIV), recoge entre caídas de agua y árboles majestuosos más de 10.000 especies diferentes. Su historia está íntimamente ligada a la historia marítima de la ciudad, ya que muchas de las especies exóticas llegaron en barco desde América del Norte, principalmente. Me pareció un lugar maravilloso para pasear entre sus camelias y,  sobre todo, para tumbarse en la hierba y leer. Tiene además varios invernaderos en los que hay diversas actividades para mayores y niños, y un amplio estanque. Pasamos un par de horas fenomenales y fotografiamos una planta que luego la vimos en otros sitios y que nos era desconocida.
   Yo diría que es una visita obligada junto a la que ahora os comento.

   Le Musée d’Arts de Nantes es una sorpresa en sí mismo. El edificio principal es un Palais del siglo XIX que junto con la Capilla del Oratorio del siglo XVII y varios edificios anexionados configuran un ‘barrio urbano‘. En el enlace encontraréis información adicional muy interesante sobre el proyecto arquitectónico.

   Este Museo de Bellas Artes fue creado en origen en 1801 por Napoleón Bonaparte, junto a otros catorce museos. Las piezas originales procedieron del Museo del Louvre, enriqueciéndose con la adquisición de más de mil cuadros y esculturas del diplomático nantés François Cacault en 1810. Permaneciendo dispersas por el ayuntamiento, la prefectura, iglesias y el tribunal civil, hubo que esperar hasta 1830 para que fueran presentadas en público en el antiguo Halle aux toiles (Mercado de telas) en la rue du Calvaire.

   Las constantes donaciones, y la compra de obras a artistas vivos hicieron que el espacio fuera insuficiente, y en 1891 la ciudad decidió construir un edificio para presentar todas las obras en las mejores condiciones. Bajo la mano del arquitecto nantés Clément-Marie Josso, fue inaugurado en 1900, en el centro de la ciudad, entre la Catedral, el Castillo de los Duques de Bretaña y el Jardín Botánico.

Museo de Bellas Artes de Nantes
Museo de Bellas Artes de Nantes

   El Museo divide sus obras en cuatro grandes grupos: Arte antiguo, Siglo XIX, Arte Moderno y Arte Contemporáneo. El Arte antiguo recoge desde el siglo XII hasta el XVIII, con cuadros de Perugino, Tintoretto, Rubens y Caravaggio. El Siglo XIX lo representan Delacroix, Doré, Monet y Rodin entre otros. El Arte Moderno, entre el XIX y el XX con Picasso, Lëger y Signac, la primera mitad del s. XX con Kandinsky, y la segunda mitad con Bryen o Soulages. El Arte Contemporáneo (que a mí personalmente me supera y no lo entiendo, con excepciones como Chillida u Oteiza) recoge obras de Dufrêne, Richter y Goldin.

   El día que estuvimos nosotros había muy poca gente. Pasamos bastante de las salas de pintura flamenca, pero disfrutamos de algunos pintores a los que admiramos (Monet, Picasso, Caravaggio) y de Rodin. Si vais a París tenéis que visitar la Casa Museo de Rodin y el Museo Picasso. Tras una visita de dos o tres horas, acabamos en la tienda del Museo comprando unas postales, una bolsa, unos origamis para los sobris, y algún detalle que tenemos colgado en casa. La señora que nos atendió fue muy amable y correcta. Ella también es cultura dentro del museo.
   Salimos con un buen sabor del croissant con café y de la visita. El día iba genial y todavía era la una. Comenzamos entonces una ruta marcada en el suelo por diferentes edificios y calles del centro de la ciudad. En un momento dado, compramos unos bocadillos y unas cocacolas en una tienda, y vimos por fuera la Catedral de San Pedro y San Pablo, el Château des ducs de Bretagne, para finalmente, y cruzando el Pont Anne de Bretagne llegar a Les Machines de l’île.
   Es un proyecto artístico cautivador. A mitad de camino entre los mundos de Jules Verne, nacido en Nantes, y el universo mecánico de Leonardo da Vinci, en la zona de los antiguos astilleros de Nantes, en la otra orilla del Loira, se encuentra este conjunto de máquinas con vida. El elefante de acero y madera mide 12 metros de alto por 8 de ancho y 21 de largo. Cuando sale de paseo con 50 pasajeros emprende un viaje sorprendente. Nosotros no fuimos en él, pero sus patas articuladas, sus bramidos y chorros de agua, todo él era maravilloso, como regresar a los diez años y recordar aquel primer contacto con Julio Verne. En su paseo muestra las asombrosas vistas de los antiguos astilleros.
   Dentro de las instalaciones está la Galerie des Machines. Puedes hacer la visita tú solo, pero es mucho más enriquecedora animada por las explicaciones de los maquinistas que cuentan la historia y el funcionamiento de las criaturas que la habitan. Un perezoso, un colibrí libando, unos gansos salvajes, una garza de ocho metros, una hormiga gigante,… Hay un simulador de vuelo en un túnel aerodinámico en el que un maquinista toma los mandos, y con su casco, sus gafas y su cinturón, vuela a más de 100 km/h. De verdad, todo el mundo, y éramos muchos, teníamos diez años.

Les Machines de l'île de Nantes
Colibrí libando
Les Machines de l'île de Nantes
Árbol de las Garzas

   Al final recorrimos un prototipo de lo que todavía es un proyecto en desarrollo que es el Árbol de las Garzas (Arbre aux Herons), que en 2022, y con una envergadura de 50 metros y una altura de 32 metros, acogerá dos garzas gigantes que tomando 16 pasajeros cada una ofrecerán un vuelo circular. El árbol de acero tendrá en sus ramas jardines colgantes y hasta 300 espectadores podrán ver todo un bestiario de animales mecánicos entre sus 22 ramas.

   Para acabar la visita, y tras cruzar la calle de las Naves, accedimos a las terrazas del taller de construcción de la compañía La Machine. Desde lo alto, el público asiste al trabajo de los constructores en un universo de acero y madera. Aquí nacen las criaturas fantásticas. ¡Me emociono recordándolo!
   Son las cinco y media de la tarde, y cruzando de nuevo el puente sobre el Loira, cogemos el tranvía para ir a por el coche al hotel (nos han permitido dejarlo en el parking todo el día, ya que nos vamos a dormir a otra ciudad).
   Recorremos unos cincuenta kilómetros, y tras esperar a que baje un puente colgante, llegamos en Saint-Nazaire al Sous-marin Espadon (Submarino Espadón).
   Si nunca has estado en un submarino, el Espadón, en el puerto de Saint-Nazaire, es el mejor. Creo que yo disfrute más de la visita que Cora. Es un submarino militar de los años 60 que dio 17 vueltas a la tierra. Con una audio-guía estupenda y tras bajar una escalera vertical, visitas salas con relojes, maquinaria y mandos de control. Los sonidos te crean la sensación de estar sumergido, la simulación de un torpedo, la sala de máquinas,…

El Espadón
Sala de torpedos

   Al salir compré en la tienda un bolígrafo que es el Espadón. No sé todavía cómo escribe, pero lo veo junto al ordenador y estoy dentro del submarino.
   El día iba genial. Ahora y tras recorrer más de setenta kilómetros, nos íbamos a nuestro alojamiento. Por el camino no parábamos de hablar sobre todo lo que habíamos vivido en este día. Estábamos eufóricos.
   Los franceses aman mucho su tierra, sus pueblos, sus calles y sus casas. Seguramente, mucho más que su historia. De esta manera, otorgan a ciertos pueblos un carácter especial que proporciona un orgullo añadido a sus habitantes a través de unas distinciones muy explícitas. Nuestra primera noche  en Bretaña dormiríamos en Rochefort-en-Terre, catalogado como Pueblo más bonito de Francia en el año 2016, Petit Cité de Caractère y también elegido como Villes et Villages fleuris.
   Un apunte: en Francia se califican los pueblos en función de características muy bien establecidas, de manera que aquellos que trabajan por ser hospitalarios, bonitos por dentro y por fuera, con infraestructuras al alcance de todo el mundo,… llegan a ser catalogados de manera especial y reciben consideraciones y calificativos que los hacen más importantes, sobre todo de cara a su turismo interior. Si accedemos a estas distinciones, encontramos información sobre esos pueblos diferentes y esto te ayuda a elegir, o al menos, a estar informado. Así, Pueblos más bellos de Francia, concedida por una asociación, se otorga a los pueblos bellos de menos de 2 000 habitantes que poseen un rico patrimonio natural y arquitectónico – con al menos dos sitios inscritos en los monumentos históricos – y que ponen en marcha una política de valoración y animación de su patrimonio.  Son 159 divididos en 14 regiones.
   Les Petites Cités de Caracter , que son 190, se atienen a estos criterios:

  • creación de un sitio patrimonial notable e implementación de una regulación adaptada,
  • mantenimiento y mejora del espacio público,
  • mantenimiento y mejora de edificios públicos,
  • mantenimiento y mejora de edificios privados,
  • compromiso del municipio a favor de dar la bienvenida al público,
  • compromiso del municipio a favor de la animación, y
  • compromiso del municipio de participar en la vida de la red.

   Tienen menos de 6000 habitantes.

   Villes et Villages fleuris premia el compromiso a favor de mejorar la calidad de vida y la estrategia general de atractivo implementada a través de la floración, el paisaje y las plantas. Este premio tiene de una a cuatro flores como distinción. Nantes y Rochefort-en-Terre tienen cuatro flores, por supuesto.
   Chambres et Gîtes es una categoría similar a casa rural. Teníamos reserva por booking.com en «La Crêperie du Puits» dirigida por François y Babeth. François es un personaje en sí mismo. Era ya un poco tarde, casi las nueve, pero nos sirvió en un plis-plas unas crudités y un surtido de embutidos de la tierra, con un rico clarete. En la parte trasera de la crepería se encuentran, al pie del castillo, unos pequeños estudios para dormir.

Rochefort-en-Terre
Flores con casas

   Por la mañana daremos una vuelta por el pueblo, pero como todavía es de día, damos una paseo. Aunque es agosto, y las terrazas están repletas de familias francesas, no hay una sensación de agobio. De hecho, nos encontramos poca gente paseando por las calles.
   En este pueblecito de unos 600 habitantes no verás un cable eléctrico en la calle. Está todo bajo tierra. Para evitar la circulación de vehículos por el pueblo, en las afueras hay un parking. Por una cantidad simbólica ayudas a mantener el pueblo así de lindo.
   La mayoría de las casas son de granito y tejado de pizarra. Son muy chulas y floridas. Mucho. Muchísimo. El negocio de François está en la Place du Puits (Plaza del Pozo), la de la típica foto de Rochefort-en-Terre y que nosotros también hicimos.
   Ya anocheciendo, nos dirigimos a nuestro estudio, y tras leer un rato en las tabletas, nos dormimos. Un día feliz y un feliz descanso.

Nantes

Nantes

Saint-Nazaire

Saint-Nazaire

Rochefort-en-Terre

Rochefort-en-Terre

Día 2 de agosto. Nantes – Saint-Nazaire – Rochefort-en-Terre

Ruta día 2Ruta de la jornada 2

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