1.940. Primavera. Alemania ha ocupado Austria, Checoslovaquia, Polonia, Dinamarca y Noruega. En apenas dos años, Hitler ha invadido casi toda la Europa rival, excepto Gran Bretaña y Francia. Los Aliados han peleado durante dos meses en Noruega, para irse, como vimos en el capítulo anterior, cuando tenían la batalla ganada. ¿Y ahora, qué? Supongamos que estamos tomando un café en un boulevard parisino, el 15 de marzo de 1.940 (y no sospechamos lo que va a suceder en menos de dos meses). ¿Cómo está realmente Europa? ¿Qué poderes tienen Francia y Gran Bretaña por un lado, y Alemania por otro?
Procuremos contestar a estas preguntas objetivamente. Sin prisa, despacio, analicemos los factores reales que conducirán a Europa y al mundo a la verdadera Segunda Guerra Mundial.
Historia de la Línea Maginot
La Línea Maginot se extiende a lo largo de las fronteras de Francia con Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Suiza e Italia. Su historia cubre el período desde lo primeros proyectos en la década de 1.920 hasta la actualidad, destacando en nuestro trabajo tres épocas: su construcción en la década de 1.930, la prueba de fuego en mayo de 1.940 , con la ocupación alemana hasta 1.944, y por último, los combates de 1.944-45.
Después de las fortificaciones construidas por Vauban bajo Luis XIV y el sistema Séré de Rivières después de la guerra franco-alemana de 1.870, la línea Maginot es el tercer conjunto fortificado de defensas fronterizas que Francia ha ejecutado.


- Proyectos y construcciones
Al finalizar la Primera Guerra Mundial surgió el debate sobre la fortificación de las fronteras francesas. Para Francia, el potencial económico y demográfico de Alemania, a pesar de disponer de un importante ejército ocupando la orilla izquierda del Rin (la ocupación de Renania después de la Primera Guerra Mundial es parte de los términos del Tratado de Versalles negociado entre los Aliados), obligaba a tomar medidas defensivas.

En 1.919, el cuartel general de los ejércitos franceses en el Este (al mando del mariscal Pétain) propuso al ministro de la Guerra, Georges Clemenceau, mantener un ejército de maniobra dispuesto a intervenir en Alemania y asegurar la inviolabilidad del territorio francés con una adecuada organización de la frontera en tiempos de paz.
- Proyectos de la década de 1.920

- en el Norte, no está prevista ninguna fortificación sino el desarrollo de un campo de batalla,
- en las Ardenas, la destrucción de todas las infraestructuras viarias y ferroviarias,
- la región fortificada de Metz-Thionville-Longwy, debe proteger la cuenca industrial de Lorena y el flanco izquierdo de las fuerzas francesas formando un círculo desde Longwy hasta Faulquemont que cubra Thionville. Los fuertes de Metz forman una posición de barrera en el centro de la región fortificada,
- el territorio del Sarre debe tratarse con inundaciones,
- la región fortificada de Lauter-Bases-Vosges, debe cubrir el flanco derecho de Lorena así como la llanura de Alsacia,
- el intervalo a lo largo del Rin debe estar protegido por tres líneas sucesivas de casamatas,
- la región fortificada de Haute-Alsace o Belfort, debe bloquear la brecha de Belfort,
- el macizo del Jura no debe recibir nuevas fortificaciones, mientras que las fortalezas de Séré-de Rivières deben mantenerse,
- en los Alpes, los valles altos deben ser bloqueados lo más cerca posible de la frontera,
- para la zona mediterránea, los ejes de la costa y los valles que descienden hacia Niza deben ser bloqueados por una línea de obras formando una pequeña región fortificada.
En 1.927 el coronel Tricaud propuso a la CDF una fortificación denominada fort palmé. Está inspirado en los grupos fortificados alemanes, con casamatas flanqueantes, torres y observatorios dispersos en un cuadrado de 400 metros a cada lado, todos conectados por pasajes subterráneos a un cuartel y entradas comunes. La defensa cercana está asegurada por un foso, alambre de púas, ametralladoras, lanzallamas y sobre todo el tiro de otras fortificaciones. Sería rechazado porque era más costoso que el trabajo más concentrado propuesto por el informe de 1.926.

Entre idas y vueltas y unos centenares de millones de francos gastados, llegamos a noviembre de 1.929, cuando André Maginot es Ministro de Guerra. Los gobiernos y el estado mayor no prevén operaciones militares activas. El posicionamiento estático parece pues preferible mientras que un ejército de maniobra parece contrario a las nuevas posiciones diplomáticas de Francia. Para el ejército francés, la designación oficial era «fortificación permanente«, mientras que el término «línea Maginot» proviene de la prensa.
Arquitectura
♦ Estructura general

La línea Maginot es un dispositivo complejo que se extiende en profundidad en diferentes niveles desde la frontera. La línea no está diseñada de forma homogénea y no se ajusta a los planes originales por razón de presupuesto. En las partes más consistentes con los proyectos iniciales hay cuatro partes bien diferenciadas:
- la línea de puestos de avanzada, destinada sobre todo a detectar un ataque repentino y retrasarlo durante un tiempo gracias a los dispositivos previstos (carreteras minadas, barreras) para dar tiempo a que se establezca la «línea principal de resistencia» en estado de emergencia;
- la «línea principal de resistencia»

red de alambre de púas está a unos dos kilómetros detrás de los puestos de avanzada. Fue materializado por una doble red de rieles antitanque y alambre de púas a lo largo de la frontera, barrida por los ejes de ametralladora de las casamatas, y tapada por el fuego de artillería de las obras pesadas;
- los refugios de intervalos destinados a asegurar la protección de una parte de las tropas de combate al aire libre. De hecho, son cuarteles subterráneos equipados solo para el combate cuerpo a cuerpo;
- la parte trasera del frente incluye todo el equipamiento de apoyo logístico: red eléctrica y telefónica, caminos militares de 0.60 metros y vías férreas derivadas del sistema Pèchot, depósitos de municiones, cuarteles de paz, puestos de mando, etc.
La «línea principal de resistencia» se basa sobre todo en un bombardeo de ametralladoras a lo largo del obstáculo formado por las dos redes de alambre de espino y raíles antitanque, casi continuamente desde el Mar del Norte hasta Suiza.
La red de alambre de púas tiene 12.5 metros de ancho, seis filas de estacas en forma de coleta de un metro de alto que sostienen los alambres en ondas, con púas clavadas en el suelo y que sobresalen 20 cms. El papel de la red es frenar a la infantería atacante para que las ametralladoras puedan acabar con ellos. Los rieles se componen de tramos de vía de tres metros enterrados verticalmente con seis filas de profundidad, que sobresalen entre 60 cms. y 1.3 metros sobre el suelo.
♦ Casamatas

La andanada de fuego de ametralladoras se realiza en flanqueo (los tiros se cruzan, procedentes de los flancos) por casamatas de infantería, construidas teóricamente cada 1.200 metros (alcance útil de las ametralladoras). El armamento principal, compuesto por ametralladoras gemelas (una enfría mientras la otra dispara), se completa a partir de 1.934 con cañones antitanque (47 mms. ó 37 mms.). Las obras se encuadran en esta línea con bloques de infantería sirviendo de casamatas y bloques de torretas dotadas de torreta de ametralladora para armas mixtas (incluyendo ametralladoras y cañones antitanque de 25 mms.).
Las casamatas, llamadas «casamatas de intervalo» para diferenciarlas de las casamatas de obra, se presentan en varios modelos según el terreno y la fecha de construcción:
- las casamatas CORF (Commission d’Organisation des Régions Fortifiées), construidas entre 1.929 y 1.930, disparando desde una o más almenas, simples (flanqueando por un solo lado) o dobles (flanqueando por ambos lados);
- las casamatas blindadas CORF, construidas entre 1.931 y 1.934, disparando desde una o más campanas de ametralladora (algunas combinando campana JM (Jumelage de Mitrailleuses) y ranura JM, dos ametralladoras montadas juntas en el mismo eje de fuego);
- las casamatas CORF «nuevos frentes»,

sistema en batería de la torreta construidas entre 1.934 y 1.935, simples, dobles o blindadas, con campanas para armas mixtas;
- los blocaos de MOM (mano de obra militar), construidos entre 1.935 y 1.940, mucho menos protegidos y de menor tamaño, con modelos muy variados.
♦ Bloques y galerías
Una estructura de la Línea Maginot es un conjunto de bloques (construcciones de hormigón) en la superficie unidos entre sí por galerías subterráneas. El número de estos bloques y el tamaño de cada estructura depende de su misión, el terreno y los créditos disponibles.
En general, existen bloques destinados a servir como entradas ya sea para la tropa (lo que se denomina «entrada de hombres»), o para municiones y equipos («entrada de municiones»). A veces, estos dos bloques se agrupan en uno por cuestiones prácticas (sobre todo para trabajos de montaña) o para trabajos pequeños son artillería (en este caso no sirve la entrada de municiones).
Estas entradas dan acceso a la red de galerías que conectan los distintos elementos de la obra. En realidad, las obras de Maginot están enterradas, generalmente a 30 metros de profundidad, para estar suficientemente protegidas y lo más invisibles posible.
♦ Lugares de vida
Así, a casi 20 metros de profundidad, encontramos una compleja infraestructura con dormitorios para las tropas, cocina, enfermería con bloque operativo muchas veces, sala de filtros, planta de producción de electricidad, que incluye hasta cuatro generadores, reservas de alimentos, tanques y cisternas de agua y combustible, búnker de municiones, etc.
♦ Bloques de combate
Cada uno tiene un puesto de mando, almacenes de municiones y el armamento de la estructura. Estos bloques se distribuyen en un área lo suficientemente grande como para limitar la efectividad de los bombardeos (al menos 50 metros entre cada uno). Hay varios tipos de bloques de combate:
- los bloques que sirven como casamatas de infantería o cofres de la contraescarpa (armados con una o dos almenas mixtas para emparejar ametralladoras y armas antitanque);
- bloques de torretas de infantería (armados con una torreta para ametralladoras o para ametralladoras y cañones antitanque);
- los bloques que sirven como casamatas de artillería (armados con ranuras para cañones de 75 mms., morteros de 81 mms. o 135 mms.);
- bloques de torreta de artillería (armados con una torreta para dos piezas de 75 mms., 81 mms. ó 135 mms.);
- los bloques sirven como observatorios (equipados con campanas de observatorio).
♦ Elementos adicionales

Desde la frontera hacia la retaguardia de la línea: puestos de avanzada justo en la frontera, casas fortificadas (en el bosque de las Ardenas y en el de Wissembourg), barricadas, observatorios (CORF o campo), refugios de intervalo, puestos de mando, posiciones de artillería (emplazamiento de armas y refugios de hormigón), ferrocarriles militares, caminos estratégicos, depósitos de municiones, cables enterrados de líneas eléctricas y telefónicas, cajas de interruptores, estaciones transformadoras, cuarteles de seguridad, etc.
- Equipamiento
Para evitar que las armas sean retiradas para reforzar el ejército de maniobra (los fuertes franceses habían sido desarmados en 1.915), el armamento de línea es especifico de la fortificación (sobre montajes especiales). El bajo número de armas se compensa con altas cadencias, el preajuste de disparos y la organización del suministro de municiones.
♦ Armas de Artillería
La artillería bajo hormigón de línea tiene un total de 343 piezas de artillería y está limitada a tres calibres: 135, 81 y 75 mms.:
- el cañón de 75 mms., derivado del cañón de 75 mms. modelo 1.897, calibre básico de la artillería francesa, que fue adaptado a la fortificación en diferentes versiones; es el arma principal de los trabajos de artillería, en forma de 70 obuses casamatas, 30 morteros casamatas y 68 bajo torreta con la Torreta de 75 mms. R modelo 1.932 o la Torreta de 75 mms. modelo 1.933;
- el mortero modelo 1.932 de 81 mms., con 86 bajo casamata y 42 bajo torreta, iba a ser utilizado para matar al personal en las inmediaciones;
- el lanza bombas modelo 1.932 de 135 mms., que tiene 9 bajo la casamata y 34 bajo la torreta, se usaría para destruir atrincheramientos mediante un tiro curvo.
♦ Armas de infantería
La mayor parte del armamento consiste en ametralladoras y metralletas, complementadas con cañones antitanque:
- el hermanamiento de ametralladoras, para dos Reibel de 7.5 mms. es el arma básica de la línea;
- el subfusil modelo 1.924/29, también de calibre 7.5 mms.;
- el cañón antitanque de 47 mms. sólo está bajo casamata; este cañón era capaz de perforar a buena distancia todo el blindaje de los tanques de la época;
- el cañón antitanque de 37 mms. también está bajo casamata;
- el arma mixta está compuesto por un cañón antitanque de 25 mms. y dos ametralladoras de 7.5 mms. , montadas bajo 72 campanas, bajo 10 torretas o incluso bajo una casamata;
- la ametralladora de 13.2 mms. modelo 1.930; 86 se instalaron en las casamatas a lo largo del Rin y en los Bajos-Vosgos;
- el mortero modelo 1.931 de 60 mms., montado en una campana blindada especial destinada únicamente a la defensa cercana (aunque estas campanas se colocaron, nunca recibieron su armamento);
- el mortero de 50 mms. modelo 1.935, destinado a completar el armamento de las campanas GFM (Guetteur et Fusil-Mitrailleur); 14 iban montados en casamatas y 7 en torretas;
- el conducto del lanzagranadas, lo que permite que las granadas caigan en la zanja de diamantes.
♦ Hormigonado y enchapado
El hormigón armado fue utilizado masivamente para la protección del armamento y de las tropas: para la construcción de una obra fueron necesarias decenas de miles de metros cúbicos de hormigón y toneladas de barras de acero, incluso las losas y los muros expuestos tienen un espesor máximo de 3.5 metros. Pero la armadura también se utilizó para proteger piezas de artillería e infantería. El conjunto se basa en la experiencia de las luchas en torno a los fuertes de Verdun en 1.916, mejorando las fortificaciones anteriores. Solo tiene bloques de combate en la superficie.
Existen, pues, dos tipos de protección para ametralladoras y piezas de artillería: bajo casamatas o bajo torretas. Una casamata permite disparar a través de almenas instaladas en una de las fachadas (casamata simple) o dos fachadas (casamata doble) pero el ángulo de disparo es limitado, mientras que una torre abatible permite disparar a 360º pero es más vulnerable una vez en batería.
La protección del hormigón puede complementarse con corazas (armadura de acero) en todas las aberturas. Estas armaduras se pueden dividir en cuatro categorías: puertas (blindadas y a menudo estancas), almenas (cerradas por tolvas), campanas y torreones.
♦ Campanas

Los blindajes fijos llamados «campanas» se colocaban sobre la losa y servían para la protección cercana o la observación: podía equiparse con binoculares, diferentes tipos de periscopios o incluso armas de infantería según el modelo. A esto se le suman las setas que sirven como tomas de aire. Hay seis tipos de campanas:
- campanas para vigías y ametralladoras, conocidas como campanas GFM, las más comunes porque se instalaron más de mil;
- campanas para ametralladoras hermanadas; se instalaron 174;
- campanas para arma mixta (72);
- campanas para lanzagranadas (75);
- campanas de observatorio con vista periscópica (20);
- campanas de observatorio con vista directa y periscópica (64).
♦ Torretas

Los blindajes móviles llamados «torretas de eclipse» pueden deslizarse para proteger el armamento, dejando solo una capa de acero especial de 300 a 350 milímetros de espesor en la superficie. En la posición de tiro, la torreta se eleva aproximadamente un metro, despejando así las troneras de tiro. Puede girar 360º y ofrece la ventaja de ser muy compacto para una potencia de fuego muy alta (cada uno tiene dos armas). Se instalaron un total de 152 torretas, de ocho modelos diferentes:
- 21 torretas de 74 mms. modelo 1.933;
- 12 torretas de 75 mms. R modelo 1.932;
- una torreta R modelo 1.905 de 75 mms.;
- 17 torretas de 135 mms. modelo 1.932;
- 61 torretas de ametralladoras modelo 1.935;
- 12 torretas para dos armas mixtas;
- 7 torretas para arma mixta y motero modelo 1.935.
- Tropas
♦ Tripulación y Soporte
La línea Maginot requiere tropas de fortificación para servir como dotaciones en las obras y casamatas, así como tropas de intervalo:
- regimientos de infantería de fortaleza (RIF);
- los Batallones de Fortalezas Alpinas (BAF);
- regimientos de artillería de posición (RAP);
- regimientos de artillería de fortaleza móvil (RAMF);
- Batallones de Ingenieros de Fortaleza (BGF).
Además, existen otras unidades especializadas adscritas a las tropas de la fortaleza:
- regimientos de artillería ferroviaria pesada y grupos de reconocimiento de áreas fortificadas;
- batallones de ametralladores, ingenieros de la región fortificada, zapadores ferroviarios y pioneros;
- empresas de fortalezas autónomas, guardia republicana móvil (guardias fronterizos), parque de ingenieros, electromecánica de fortalezas, telegrafistas, radio, auxiliares de desminado, inundación, sede de automóviles y globos aerostáticos;
- destacamentos de colombófilos, grupos de mayordomía militar, grupos sanitarios, grupos de observación aérea y secciones de exploradores-esquiadores.
Finalmente, además de las unidades de fortaleza específicas, la línea Maginot también está cubierta por las principales unidades del ejército de maniobra, a saber:
- el 1er Grupo de Ejércitos, desde el sector de Flandes hasta el de Montmédy;
- el 2º Grupo de Ejércitos, desde el sector Crusnes hasta el sector Bas-Rhin;
- el 3er Grupo de Ejércitos, desde el sector de Colmar hasta el del Jura;
- el Ejército de los Alpes, desde el sector del Ródano hasta el de los Alpes Marítimos.
Por la parte de Sedan a Niza, esto representa 28 divisiones de infantería desplegadas en la posición el 10 de mayo de 1,940.
♦ Despliegue en tiempos de guerra
Tras la movilización general (2 de septiembre de 1.939) y la declaración de guerra el día 3, los sectores fortificados y defensivos quedaron bajo el mando de las unidades que los cubrían. Durante el invierno de 1.939-40, se reorganizó el mando de las fortificaciones del Nordeste: las regiones fortificadas se disolvieron para convertirse en cuerpos de ejército de fortaleza (CAF), los sectores menos poderosos se convirtieron en divisiones de infantería de fortaleza (DIF).
Al comienzo de la ofensiva alemana el 10 de mayo de 1.940, las fortificaciones francesas por lo tanto dependen de grandes unidades de maniobra:
- 7º Ejército: sector fortificado de Flandes;
- BEF (Fuerza Expedicionaria Británica): sector fortificado de Lille;
- 1er. Ejército: sector fortificado de Scheldt y 101 División de Infantería;
- 9º Ejército: 41º CAF y 102º DIF;
- 2º Ejército: sector Montmédy;
- 3er. Ejército: 42º CAF, sectores fortificados de Thionville, Boulay y Faulquemont;
- 4º Ejército: sector fortificado del Sarre;
- 5º Ejercito: sector Rohrbach, 43º CAF, sector Haguenau, 103º DIF;
- 8º Ejército: 104º DIF y 44º CAF;
- 6º Ejército: sector defensivo del Ródano, sectores fortificados de Saboya, Delfinado y Alpes Marítimos.
Permanecen independientes la 45 CAF (sector fortificado de Jura), la organización defensiva de Córcega y la región fortificada del sur de Túnez.
- Edificio
♦Diseño
La concepción de la línea Maginot durante la década de 1.920, y luego su realización durante la década de 1.930, provienen directamente de la Primera Guerra Mundial. De hecho, esta guerra empeoró la situación demográfica de Francia, que se encuentra en gran desventaja frente a Alemania: en caso de nueva guerra, es necesario salvar al máximo la «sangre francesa». Además, Francia sufrió una importante destrucción que afectó a grandes ciudades, fértiles tierras agrícolas y cuencas industriales de primera importancia; para evitarlo, es necesario garantizar la integridad del territorio nacional.
Estas nuevas fortificaciones tienen así varias misiones en caso de guerra:
- salvar tropas y compensar las claves vacías provocadas por la Primera Guerra Mundial;
- evitar un ataque sorpresa de Italia o Alemania y permitir que el ejército francés se movilice a cubierto;
- proteger las cuencas industriales y las minas de Alsacia y Lorena;
- servir de base para un posible contraataque;
- empujar a los alemanes a pasar por Bélgica o Suiza, obligando por un lado al Reino Unido (garante de Bélgica) a luchar contra Alemania, por otro lado moviendo la zona de combate fuera de Francia (esta estrategia es el componente del plan Dyle).
Los primeros proyectos de la Línea Maginot nacieron con la creación en 1.925 de la Comisión para la Defensa de las Fronteras (CDF), que estableció los primeros proyectos. Este organismo fue sustituido a partir de 1.927 por la Comisión para la Organización de las Regiones Fortificadas (CORF), que tenía elaborados los planos y los proponía al Ministro de la Guerra; está formado por ingenieros y oficiales de artillería con el inspector general de ingenieros como presidente, que es primero el general Filloneau y después el general Belhague.
♦ Costos de construcción
El trabajo comienza primero contra Italia, porque el fascismo italiano es en ese momento más amenazante que la República alemana: los primeros sitios se abren en septiembre de 1.928 en los Alpes (con el trabajo de Rimplas) luego en 1.929 en el noreste (Rochonvillers, Hackenberg y Hochwald). Asignaciones votadas en diciembre de 1.929 (Ley Maginot) que financian un programa de fortificación durante cinco años (de 1.30 a 1.934) son 2.900 millones de francos del momento, ascendiendo a 3.400 gracias a créditos adicionales. Debido a la crisis económica y a la constante inflación, los gastos se han reducido al máximo, lo que repercute en la calidad de las obras: la Comisión revisa muchos planes de trabajo, muchos elementos, en el mejor de los casos, se posponen, en el peor, se eliminan. La construcción de este primer tramo estuvo activa hasta 1.933, cuando finalizó la obra estructural de las estructuras principales.
En 1.934, tras la votación de un nuevo programa de ley de 1.275 millones de francos, se abrió una nueva serie de obras de construcción en el Sarre francés y alrededor de Montmédy frente a Bélgica. CORF se disolvió en 1.935. En 1.936, después de la remilitarización de Renania por parte de Hitler y las reclamaciones de Niza por parte de Mussolini, se asignaron fondos adicionales para cubrir toda la frontera. Este trabajo se realiza bajo la autoridad de los comandantes de cada región militar y bajo el control de inspectores generales de ingeniería (generales Huré de 1.936 a 1.938, Griveaud de 1.938 a 1.939, y Philippe de 1.939 a 1.940), pero estas construcciones no tuvieron la eficiencia de las primeras obras y sobre todo no se terminaron en mayo de 1.940. El resultado es que la parte más fuerte de la línea se detiene en el borde del macizo de las Ardenas que ciertos expertos como el mariscal Pétain (héroe de Verdún, general en jefe del ejército de 1.918 a1.931 y ministro de Guerra en 1.934) consideraron «impenetrable» para las tropas mecanizadas, de la misma manera que el Mosa y el Canal Albert en Bélgica.
En total, la línea Maginot costó más de cinco mil millones de francos entre 1.930 y 1.936, lo que representa aproximadamente el 1.6% del presupuesto estatal durante el periodo. En la época de entreguerras, varios otros países europeos modernizaron su sistema de fortificaciones, con la línea Sigfrido en Alemania, el Muro Alpino italiano, la línea Stalin soviética, la línea Benes checoslovaca, el Reducto Nacional suizo, la Línea de Agua holandesa y las fortificaciones belgas (fuertes de Lieja y línea KW).
- Línea Maginot Nordeste
♦ Frontera franco-belga
En 1.927, la comisión había estimado que la defensa del norte debía hacerse en territorio belga (entonces aliado). Entre 1.931 y 1.934, por lo tanto, solo se construyeron algunas casamatas de infantería en los bosques de Raismes y Mormal. A partir de 1.934 se desarrollaron las secciones de «nuevos frentes» de los sectores fortificados de Escaut a Maubeuge. El regreso de Bélgica a la neutralidad el 14 de octubre de 1.936, hará preocupante la ausencia de cobertura fortificada. Esto llevó a la construcción, desde 1.937 hasta 1.940, de un frente continuo a lo largo de la frontera, compuesto por casamatas STG y una serie de pequeños fortines MOM.
♦ Región fortificada de Metz
La región fortificada de Metz es una de las dos zonas más exitosas de la línea; por un lado por la historia de la ciudad de Metz, la presencia de industrias siderúrgicas, pero también porque es una de las primeras regiones donde se construyó. La región se divide en cuatro sectores:
- el sector fortificado de La Crusnes es del tipo «nuevo frente» con tres grandes obras (Fermont, Latiremont y Bréhain), cuatro pequeñas (Ferme-Chappy, Mauvais-Bois, Bois-du-Four y Aumetz) y una serie de 35 casamatas de intervalo.
- el sector fortificado de Thionville es el mejor sector fortificado de toda la línea, el único que se ha construido integramente según los planos, con siete grandes obras (Rochonvillers, Molvange, Soetrich, Kobenbusch, Galgenberg, Métrich y Billing), cuatro pequeñas (Immerhof, Bois-Karre, Oberheid y Sentzich) y 17 casamatas.
- el sector fortificado de Boulay se compone de una poderosa parte occidental, pero la parte oriental está incompleta. En total hay cuatro grandes obras (Hackenberg, Mont-des-Welches, Michelsberg y Anzeling), once pequeñas (Coucou, Hobling, Bousse, Berenbach, Bovenberg, Denting, Village-de-Coume, Anexo Sur de Coume, Anexo Norte de Coume, Coume y Mottenberg) y 17 casamatas.
- el sector fortificado de Fauquelmont es del tipo «nuevo frente» incompleto, con cinco obras menores (Kerfent, Bambesch, Einseling, Laudefrang y Teting) y 8 casamatas.
♦ Brecha del Sarre
En 1.935, el Sarre vuelve a ser alemán tras el plebiscito, de donde procede la creación del sector defensivo del Sarre, porque no había nada entre la RF de Metz y la de Lauter. Por falta de presupuesto sólo se construyó allí una línea de casamatas del tipo STG protegidas contra inundaciones en 1.939-40 (hablamos de «línea acuática Maginot» para este sector). El 15 de marzo de 1.940, el sector cambia de nombre para convertirse en el sector fortificado del Sarre.
♦ Comarca fortificada del Lauter
La región fortificada de Lauter debe su nombre al curso de agua que marca la frontera entre Wissembourg y el Rin. La región, de 70 kilómetros de ancho, se divide en tres sectores:
- el sector fortificado de Rohrbach se compone de dos grandes obras (Simserhof y Schiesseck), tres pequeñas (Welschhof, Rohrbach y Otterbiel) y 25 casamatas a intervalos.
- el sector fortificado de los Vosgos, beneficiado por la protección del relieve, es menos potente que sus vecinos, con dos grandes obras (Grand-Hohékirkel y Four-à-Chaux), una pequeña (Lembach) y 33 casamatas.
- el sector fortificado de Haguenau tiene su poderosa parte occidental con dos grandes obras (Hochwald y Schoenenbourg), siendo su derecha una simple línea de casamatas hasta el Rin, con un total de 54 casamatas.
♦ Línea del Rin
El cruce del Rin (ancho de unos 200 metros) está prohibido por la construcción desde 1.930 de dos líneas de defensa, por un lado una primera línea de casamatas en la orilla del margen izquierdo del río («línea de banco»), por otro lado una segunda línea un poco más atrás, formada por marquesinas y casamatas (conocida como «línea de marquesinas»). A partir de 1.931 se inicia la construcción de una tercera línea (conocida como la «línea de los pueblos»), también compuesta por casamatas de CORF. El conjunto asciende a 85 casamatas CORF de infantería, complementadas por una gran cantidad de blocaos MOM, pero sin ningún trabajo de artillería. El conjunto está dividido en tres sectores de norte a sur.
♦ Frontera franco-suiza
En caso de un ataque alemán por la parte de Suiza, la Comisión había previsto en 1.926 la construcción de una poderosa región fortificada desde la orilla del Rin hasta el Jura, frente al lugar de Belfort; siendo la hipótesis inverosímil, la construcción se retrasó y luego se abandonó. La región fortificada de Belfort fue sustituida por dos sectores defensivos en septiembre de 1.939.
La frontera franco-suiza en el departamento del Doubs está muy poco fortificada (siete casamatas STG y especialmente los blocaos MOM), apoyándose en el relieve del Jura, en el Doubs y en los antiguos fuertes de Séré de Rivières.
- Línea Maginot Sudeste
♦ Defensa natural de los Alpes
En comparación con la línea Maginot del noreste, la línea Maginot del sudeste (alpina) está organizada de manera diferente. En efecto, el relieve montañoso de los Alpes facilita la defensa. Es más difícil hacer avanzar un ejército en las altas montañas que en las grandes llanuras del noreste de Francia. Por lo tanto, las obras de la línea alpina están configuradas para bloquear los puntos de cruce importantes (pasos y salidas de valles) y no en una línea continua. No se trata, como en el noreste, de una línea de fuego continua, sino de una barrera de puntos sólidos, ya sea en acción frontal o de flanco.
Cabe señalar, sin embargo, que estas grandes obras están menos blindadas (la artillería pesada es casi imposible de instalar en las montañas) y algunas incluso carecen de sistemas de filtración de aire contra los gases de combate (un ataque con gas en altura casi no tiene efecto). La parte sureste de la línea Maginot se subdivide en cuatro sectores.
♦ Sector fortificado de Saboya
Organizado en torno a Bourg-Saint-Maurice y el valle de Maurienne, el sector de Saboya se centra principalmente en la defensa del acceso al valle de Maurienne en torno a Modane, en particular con las grandes estructuras de Sapey, Saint-Goban, Saint-Antoine, Lavoir y Pas-du-Roc, las obras menores de Arrondaz y Rochilles, así como varios puestos de avanzada.
La defensa de Bourg-Saint-Maurice se limita a unas pequeñas obras de infantería cubiertas por antiguos fuertes.
♦ Sector fortificado Dauphiné
Centradas en torno a Briançon y el valle de Ubaye, las estructuras del sector Dauphiné bloquean los importantes puntos de paso hacia Briançon (pasos de Montgenèvre y Échelle, etc.) y de entrada al Ubaye (paso de Larche, salidas del valle de Stura, etc.).
Encontramos alrededor de Briançon la gran obra de Janus así como las pequeñas obras de Col-de-Buffère (inacabada), Col-du-Granon (también inacabada), Aittes y Gondran E.
La posición de Ubaye es más importante con las grandes obras de Roche-la-Croix, Saint-Ours Haut, Restefond (inacabada por su altitud, más de 2.700 metros, la más alta de la línea) y las pequeñas obras de Plate-Lombarde, Saint-Ours Bas, la avanzada de Larche, las pequeñas obras de Col-de-Restefond, Granges-Communes y Col-de-la-Moutière.
♦ Sector fortificado de los Alpes Marítimos
El SFAM completa la línea desde el Col de la Bonette hasta el Mar Mediterráneo en Menton y se extiende a lo largo de los valles de Tinée y Vèsubie, alrededor de Sospel para terminar al pie de Cap Martin, cerca de Menton. Este sector fuertemente defendido bloquea todos los accesos a lo largo de estos valles.
Encontramos las siguientes obras (de norte a sur): Col-de-Crous, Col-de-la-Valette, Fressinéa, Rimplas (primera obra de la línea Maginot iniciada en 1.928), Valdeblore (inacabada), Col-du-Caire-Gros (sin terminar), Col-du-Fort (sin terminar), Gordolon, Flaut, Baisse-Saint-Vérant (sin terminar), Plan-Caval (sin terminar), La Béole, Col-d’Agnon, La Déa, Col-de-Brouis, Monte-Grosso, Champ-de-Tir-de-l’Agaisen, Agaisen, Saint-Roch, Barbonnet, Castillon, Col-des-Banquettes, Sainte-Agnès, Col-de-Garde, Mont-Agel, Roquebrune, Croupe-du-Réservoir y Cap-Martin. Estos fuertes se complementan con dieciséis obras de avanzada (siendo las más meridionales las de Collet-du-Pilon y Pont-Saint-Louis).
- Uso durante la guerra
♦ Movilización en 1.939
Siendo la primera misión de la línea evitar un ataque repentino durante la movilización, la línea debe estar operativa con todo su personal antes de la declaración de guerra. En consecuencia, las estructuras se ponen en alerta en cuanto la situación internacional se vuelve tensa; es decir, las estructuras y casamatas son ocupadas en el plazo de una hora por personal en activo. Este fue el caso de marzo a abril de 1.936 (remilitarización de Renania), de marzo a mayo de 1.938 (Anschluss), de septiembre a octubre de 1.938 (crisis de los sudetes) y del 21 de agosto de 1.939 (crisis del corredor de Dantzig).
La siguiente medida es la alerta intensificada, correspondiente a la retirada de los reservistas fronterizos (nivel B1), que permite poner en funcionamiento todo el armamento en un día. El 1 de septiembre, tras el ataque alemán a Polonia, se decide la movilización general francesa, aplicable a partir del 2 a medianoche; la frontera con Alemania se cierra, los habitantes de la zona fronteriza son evacuados (en particular Estrasburgo). El 3 de septiembre Francia declara la guerra a Alemania.
Durante los primeros días de la guerra, las fuerzas francesas y la Wehrmacht permanecieron en sus respectivas posiciones, a varios kilómetros de la frontera. Del 9 al 21 de septiembre de 1.939, los ejércitos franceses 4 y 5, incluidos algunos elementos de infantería de la fortaleza, participaron en la Ofensiva del Sarre, que forma parte de la guerra falsa hasta mayo de 1.940.
Francia hacia la derrota
«Se me hacía insoportable ver al enemigo del mañana dotarse de medios para la victoria, mientras que Francia se veía privada de ellos. No obstante, a pesar de la increíble apatía en la que se había sumergido la nación, ninguna voz autorizada se alzaba para pedir que se tomaran las medidas necesarias. Era tanto lo que había en juego que no me podía permitir reservarme la opinión, por poca que fuera mi importancia y notoriedad. La responsabilidad de la defensa nacional incumbía a los poderes públicos. Decidí involucrarlos en el debate.» (Charles De Gaulle, Memorias de guerra)
La Francia pacifista
La Gran Guerra tuvo efectos devastadores para Francia, que sufrió 1.400.000 muertos y 800.000 mutilados, un tercio de la población masculina en edad militar, sangría a la que se añadieron enormes pérdidas económicas. La consecuencia fue un gran rechazo social contra la guerra y los asuntos militares.
El ejército francés de 1.939 era el resultado de las circunstancias políticas, económicas, sociales y tecnológicas derivadas de esa situación. Desde 1.918, estaba considerado el mejor del mundo, de modo que la mayoría de los franceses no consideraba necesarios grandes cambios. Francia había ganado la guerra gracias a batallas defensivas, por lo que muchos consideraban que esa era la clave de la victoria. La conclusión era que convenía organizar una gran fortificación de frontera, apoyada por una gran capacidad de fuego, donde se estrellaran los alemanes si osaban atacar de nuevo.
Entre 1.920 y 1.930 se celebraron numerosas conferencias internacionales destinadas a limitar el desarrollo de las nuevas armas. En 1.927, Aristide Briand, ministro francés de Exteriores, propuso a Frank Billings Kellogg, secretario de Estado norteamericano, un pacto para prohibir la guerra como instrumento de la política internacional. El acuerdo Briand-Kellogg fue firmado en París el 28 de agosto de 1.928 por 15 países y otros 57 se sumaron posteriormente. El documento, a cuya redacción también contribuyó el alemán Gustav Stresemann, pretendió establecer un sistema de relaciones pacíficas internacionales, regido por la Sociedad de Naciones. Pronto fue desbaratado por la crisis económica de 1.929, los intereses de las principales potencias y el impulso del fascismo.
De Gaulle pierde una polémica
En 1.932, De Gaulle publicó Le Fil de l’Epée (El filo de la espada) señalando la necesidad de devolver a los oficiales la conciencia de su importante papel, para concentrarla en su objetivo: la guerra, porque «la fuerza hace la ley a los pueblos y les edifica su destino». En 1.934 apareció su otro libro, Vers l’Armeé de Métier (Hacia el ejército profesional), donde propugnaba la formación de combatientes especializados y en número más reducido. Paul Reynaud pareció convencido por los razonamientos del coronel y, en marzo de 1.935, presentó un proyecto de ley para crear «un ejército mecanizado de calidad», formado por 6 divisiones de línea y una ligera.
Los generales Debeney, Weygand y Pétain se opusieron a esta propuesta; para ellos la línea Maginot era la mejor garantía. Una comisión militar, creada para examinar el proyecto de Reynaud, consideró que la reforma era inútil y contraria a la lógica y la historia. El ministro de la Guerra, general Maurin, confirmó la excelencia de la línea Maginot: «¿Nos creen tan locos como para marchar delante de esta barrera a Dios sabe qué aventura?», y cesó a De Gaulle como miembro del Consejo Superior de Defensa Nacional.
Equipo obsoleto
El ejército galo contaba con un buen equipo militar que el desarrollo tecnológico dejó obsoleto en gran parte. El cañón de 75 mms., pensado para desempeñar cualquier misión, era una pieza móvil y rápida, pero de potencia insuficiente. Francia contaba con más blindados que Alemania; no obstante, de sus 3.900 vehículos acorazados, unos 600 eran tanques Renault FT dignos de figurar en un museo, otros 1.000 blindados eran solo de exploración y el tanque Renault B-1, el más pesado, mejor protegido y artillado del mundo, resultaba poco operativo, porque su cañón de 75 mms. era prácticamente fijo y el de 47 mms. estaba instalado en una torreta demasiado pequeña. En cuanto a los aviones franceses más acreditados, habían fracasado en la guerra de España.
El Frente Popular en Francia
Radicales, socialistas y comunistas franceses se unieron en 1.935 en el Frente Popular, un coalición que, en las elecciones del año siguiente, logró 378 escaños frente a los 220 de la derecha. Presidió su primer gobierno el socialista León Blum, pero la coalición pronto sufrió fisuras. Al estallar la guerra civil española, Blum intentó ayudar al gobierno republicano, hasta que las presiones de la derecha captaron parte de la opinión radical, que ya estaba inquieta por el costo de las medidas sociales. Para no romper con sus socios, el gobierno se incorporó a la política británica de no intervención, provocando el malestar de los comunistas.
Ante las repercusiones de la crisis económica, los comunistas redujeron su colaboración con el gobierno y organizaron huelgas y ocupaciones de fábricas. Blum, no obstante, logró que los sindicatos y patrones firmaran un pacto social, los acuerdos del Palais Matignon. La crisis financiera no se había resuelto y en 1.937 Blum fracasó al intentar que el Senado le otorgara plenos poderes. Dimitió y el Frente Popular, ya muy debilitado, formó el gobierno de Camille Chautemps, que nacionalizó los ferrocarriles y dimitió en marzo de 1.938. Lo sucedió un breve segundo gobierno de Blum, que no pudo evitar la ruptura con los radicales y la crisis del Frente Popular, dimitiendo en abril.
Édouard Daladier, con un gobierno sin socialistas, entre 1.938 y 1.940 controló la crisis con medidas de emergencia. Sintiéndose aislado internacionalmente, Daladier se aproximó a la política de apaciguamiento del premier británico Neville Chamberlain y se entrevistó con Hitler en Berchtesgaden y Godesberg. En la reunión de Munich de septiembre de 1.938 secundó la política británica, aceptando la desmembración de Checoslovaquia. Cuando regresó a Francia, fue recibido por multitudes delirantes, convencidas de que acababa de salvar la paz europea.
El acuerdo de Munich había marginado a la URSS y, desde entonces, París consideraba que el tratado de ayuda mutua soviético-francés de 1.935 había perdido validez. Daladier intentó establecer buenas relaciones con Hitler e inició negociaciones que llevaron a la visita de Ribbentrop a París, en diciembre de 1.938. Poco después, se firmó una declaración franco-alemana, que era una especie de pacto de no agresión para garantizar la seguridad de Francia.
Intentos para contener a Hitler
Las relaciones franco-polacas tenían veinte años de antigüedad y, ante las primeras exigencias de Hitler, París prometió enviar material militar, pero recomendó a Varsovia pacificar la cuestión entregando al Reich algunos territorios a lo largo del Vístula. El general Gamelin, jefe de Estado Mayor y luego general en jefe, prometió que, si había guerra, intervendría en defensa de Polonia. El Estado Mayor francés conocía la debilidad militar polaca, pero subestimaba a los alemanes y consideraba que podía costarles un año lograr el dominio de aquel país.
Al caldearse la situación internacional, la postura británica y francesa se hizo más decidida. El 31 de marzo de 1.939, dieron garantías de ayuda a Polonia, que se concretaron el 6 de abril en el pacto de asistencia mutua. El gobierno francés pretendió incluir también en esta alianza a la Unión Soviética, lo cual fue rechazado enérgicamente por Varsovia que temía a los rusos, odiaba el comunismo y desconfiaba de la capacidad militar del Ejército Rojo. Contra los alemanes se exponían a perder territorios pero, como aseguró el general Rydz-Smigly, «con los rusos perderíamos nuestra alma«.
En abril cundió la alarma en Francia cuando Hitler denunció el pacto con Polonia de 1.934 y el convenio naval con Londres de 1.935. La política francesa, británica y norteamericana comenzó a estimar la conveniencia de desviar la agresividad del Reich hacia la Unión Soviética. Era un propósito imposible, porque tanto ellos como Polonia sólo podían compensar la agresión alemana cerrando un pacto con la URSS. Desde junio, los occidentales intentaron llegar a algún acuerdo con Moscú, con la finalidad de disuadir a Hitler. Los franceses insistieron en ello, hasta que Londres lo descartó (enviando una representación de medio pelo).
Comienza la guerra
Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1.939. Por la tarde, los embajadores británico y francés en Berlín presentaron a Ribbentrop idénticas notas de protesta: “Si el gobierno alemán no está dispuesto a dar garantías satisfactorias con respecto a la suspensión inmediata de toda acción agresiva contra Polonia y a la retirada de sus fuerzas de territorio polaco, nuestro gobierno cumplirá sin dudarlo sus obligaciones con respecto a Polonia.”
Era una amenaza formal, pero los aliados no se movieron porque todavía no estaba clara la posición de Mussolini. La opinión pública italiana era favorable a los polacos y desconfiaba de un Reich donde se había integrado Austria.
Pensando en una nueva conferencia internacional parecida a la de Munich, Mussolini planteó que Polonia podía entregar Danzig a Alemania. Pero Londres y París pusieron como condición que las tropas alemanas abandonaran Polonia antes de negociar. Entonces Mussolini retiró su propuesta y, el 2 de septiembre, Chamberlain adelantó otra que fue rechazada por Alemania. El día 3, Berlín recibió un ultimátum franco-británico, que suponía la entrada en guerra.
Los comunistas franceses y la orden de Stalin
El anuncio del pacto germano-soviético del 23 de agosto de 1.939 ya había supuesto un choque para el Partido Comunista francés, cuyo secretario general, Maurice Thorez, ni siquiera fue avisado en los Alpes, donde se encontraba de vacaciones. Entre grandes contradicciones, Thorez impuso el abandono del pacifismo y, el 1 de septiembre, el grupo parlamentario comunista decidió votar a favor de los créditos de guerra para combatir la agresión alemana. La guerra fue declarada dos días después y Thorez respondió a la orden de movilización general incorporándose al regimiento de Arras, donde era reservista.
Stalin tenía otra opinión y decidió ser fiel a su pacto con Hitler. Desde mediados de septiembre, la Internacional Comunista distribuyó consignas denunciando que la guerra tenía carácter imperialista y que los trabajadores no debían intervenir en ella. Dimitrov, el secretario del Komintern, envió un telegrama conminatorio a Thorez, ordenándole desertar. Thorez obedeció como había hecho siempre y, acompañado por su esposa, huyó a Bélgica, desde donde continuó hasta Moscú, vía Estocolmo.
Preparativos aliados
Como había sucedido en la Gran Guerra, Francia llevó la iniciativa estratégica y Gran Bretaña envió al continente 10 divisiones y una fuerza aérea de 460 aviones. Se partió de los supuestos de que la Línea Maginot era inexpugnable y que el macizo de las Ardenas resultaba infranqueable para un ejército y mucho más para unidades acorazadas. Al norte se extendía la llanura belga. donde los aliados se preparaban para librar la batalla decisiva para frenar a los alemanes.
Las mejores divisiones francesas fueron situadas en este frente, mientras el macizo de las Ardenas quedaba apenas vigilado por escasas fuerzas, Se acumularon 91 divisiones francesas y las 10 británicas que, sumadas a las 20 que formaban el ejército belga y las 8 del holandés, constituían una fuerza considerable.
A finales de mayo de 1.940 se les sumó una división acorazada británica. También Francia contaba ahora con 3 de estas unidades, más otras tantas motorizadas ligeras, pero el ejército alemán había tomado una ventaja considerable y contaba con inesperados planes estratégicos.
Una guerra extraña
El período entre la invasión de Polonia y la de Francia fue llamado Phoney War («guerra falsa») por los norteamericanos, Drôle de guerre («rareza de guerra» ) por los franceses, Twilight War (“guerra crepuscular») por Churchill y Sitzkrieg («guerra de asiento») por los alemanes. Había estallado el conflicto, pero los grandes no se atacaban entre sí. Parte del ejército alemán guarnecía la Línea Sigfrido y la mayoría del francés, la Línea Maginot; sólo ocurrían pequeñas escaramuzas y los aviones británicos bombardeaban Alemania con folletos de propaganda. La guerra mostraba toda su violencia sólo en el Atlántico y Noruega, mientras Francia e Inglaterra compraban febrilmente armas a los fabricantes norteamericanos.
Frente a las numerosas fuerzas aliadas, los alemanes sólo mantenían 23 divisiones y los franceses decidieron avanzar en el Sarre para distraer la ofensiva sobre Polonia. Francia comenzó sus movimientos el 7 de septiembre, mientras la Wehrmacht estaba empeñada en la campaña polaca. Localmente, los efectivos franceses eran muy superiores y 11 divisiones avanzaron en un frente de 32 km cerca de Saarbrücken, encontrando una débil resistencia. Progresaron 8 km y ocuparon 20 aldeas pasta detenerse, tras haber ocupado el bosque Warndt, que estaba fuertemente minado.
Los alemanes no desplazaron ninguna de sus reservas y los franceses prepararon una fuerza de 40 divisiones, entre ellas, una acorazada, 3 mecanizadas, 78 regimientos de artillería y 40 regimientos de tanques. El 12 de septiembre, el consejo supremo de guerra aliado se reunió en Abbeville y decidió detener la ofensiva.
Gamelin informó al mariscal polaco Edward Rydz-Smigly que la mitad de sus divisiones habían tomado contacto con los alemanes, que se vieron obligados a retirar, por lo menos, 6 divisiones de Polonia. Al día siguiente el jefe de la misión militar francesa en Polonia, general Louis Faury, informó al general Waclaw Stachiewicz que la gran ofensiva había tenido que detenerse. Las divisiones francesas recibieron la orden de replegarse a sus posiciones de la Línea Maginot.
La guerra quema gobiernos
La guerra estaba detenida ante la indecisión aliada y, el 21 marzo 1940, cayó en París el gobierno Daladier, que fue sucedido por Paul Reynaud. Sólo duró 87 días y, en un intento de dar mayor firmeza a la dirección de la guerra, acumuló la cartera de Exteriores y se reunió en Londres con Chamberlain para firmar un acuerdo de no aceptar una paz por separado. En mayo dejó el ministerio de Exteriores y asumió el de Defensa, donde no tuvo éxito y equivocó la propaganda con su consigna: «venceremos, porque somos los más fuertes», declaración de confianza que hizo bajar la guardia a los franceses. También instó a los ingleses para que cortaran el suministro de hierro sueco a Alemania, operación que resultó desastrosa para los aliados.
El fracaso tuvo repercusiones en Londres, donde Neville Chamberlain perdió la votación de confianza en el Parlamento por 281 contra 200 y dimitió el 10 de mayo. El rey Jorge VI designó entonces a Winston Churchill, que formó un nuevo gobierno de coalición con conservadores, laboristas, liberales e independientes.
Para entonces, los alemanes iniciaban la aplicación del llamado Fall Gelb (“Caso Amarillo”), que en 45 días de campaña terminaría con el sistema defensivo aliado en el frente occidental, forzaría a la evacuación de las fuerzas británicas y sometería a Francia a su rendición.
Sedán: el punto de ruptura
En el plan Manstein, el Schwerpunkt o punto de ruptura para dislocar el sistema defensivo francés estaba situado en Sedán, tras atravesar las Ardenas. Este territorio había sido considerado como impracticable para ejércitos enteros y más aun para medios acorazados. Los estrategas alemanes se iban a encargar de demostrar lo contrario.
El Fall Gelb se basaba en inducir a los aliados a penetrar en Bélgica con sus mejores unidades, pensando que los alemanes repetirían el plan Schieffen de la Gran Guerra, para, de este modo, dejar expedito el camino para la principal fuerza acorazada, que penetraría en Francia y cruzaría el Mosa entre Sedán y Dinant. El alto mando alemán, no obstante, tenía sus reservas sobre la seguridad de un plan tan audaz y revolucionario, basado en el empleo de unidades acorazadas, que avanzarían por delante de las divisiones de infantería más lentas, las cuales irían consolidando el terreno.
Guderian y la Blitzkrieg
El hombre encargado de materializar tal plan era Heinz Guderian, creador de la División Panzer. La División Panzer era el instrumento ideal para la Blitzkrieg (guerra relámpago). Esta necesitaba de una estrecha cooperación entre todas las armas para ser llevada a cabo con eficacia. Uno de los elementos clave para ello era la calidad de las transmisiones. Con los radiotransmisores adecuados, los comandantes de las divisiones e incluso de los cuerpos de ejército alemanes podían dirigir a sus unidades desde el frente, tomando decisiones al minuto y controlando incluso la más mínima acción, si lo consideraban necesario. Tras la campaña de Polonia, Guderian instó a los jefes de sus unidades acorazadas a restringir sus estados mayores a unos pocos vehículos blindados y permanecer lo más cerca posible del frente. Durante la campaña de Francia, las unidades de Guderian, concentradas de una forma nunca vista, iban a hundir el frente francés.
Una táctica bien estudiada
La teoría estaba bien definida. Las concentraciones de tanques sólo serian utilizadas contra posiciones fuertemente defendidas. Avanzarían en escalón, con una separación de unos 50 m. entre tanque y tanque, aprovechando el terreno para cubrirse. El comandante de la división tenía información en tiempo real del progreso de sus unidades y decidía si las empleaba o solicitaba apoyo de la Luftwaffe (fuerza aérea alemana). Los zapadores y la infantería de apoyo se mantenían en el frente, al ritmo de los tanques, así como los cañones antitanque, que serían los encargados de fijara los blindados enemigos que eventualmente se encontrasen para permitir que los Panzer los flanqueasen. Tras conseguir la ruptura, la velocidad del avance se incrementaría. Los aviones de reconocimiento suministraban información regular sobre las fuerzas del enemigo.
Generalmente, la punta del avance estaba constituida por tres vehículos blindados, uno de ellos con un observador de artillería. Las unidades de motocicletas exploraban las carreteras y pistas próximas. El esfuerzo principal se realizaría en un punto débil, nunca ante fuerte resistencia. La velocidad de avance era fundamental, con lo que éste sería preferentemente por carretera. El enemigo debía tener siempre la duda de hacia dónde se dirigirían los Panzer. El frente de avance debía ser lo suficientemente ancho para permitir el paso de dos o tres columnas, que podían converger si era necesario sobre un punto. Después, las columnas debían seguir por caminos diferentes para evitar el colapso en las carreteras.
La protección de los flancos se encontraba en la superioridad aérea de la Luftwaffe , que evitaría los ataques de la aviación enemiga y pulverizaría cualquier amenaza.
Las fuerzas enfrentadas en Bélgica
La acción de diversión alemana a través de Bélgica y Holanda estaba a cargo de tres divisiones acorazadas, de las que dos se encargarían de Bélgica y una, la débil 9ª Panzer, de Holanda, para penetrar a través del pasillo abierto por las unidades aerotransportadas. Las dos divisiones destinadas a Bélgica eran la 3ª y 4ª Panzer, encuadradas en el 6° Cuerpo de Ejército de Hoepner (perteneciente al Grupo de ejércitos B).
Por la parte francesa, el 1er Ejército contaba con el Cuerpo de caballería al mando del general Prioux, formado por dos divisiones ligeras mecanizadas (Divisions Légères Mécaniques, DLM). Estas, además de apoyar a las fuerzas belgas, tenían la misión de cubrir a las divisiones de infantería a lo largo de la línea Wavre-Namur. Sobre esta línea, el ejército belga debía instalar una barrera antitanque, la cual, formada por las denominadas «puertas belgas», era construida apresuradamente, a un ritmo de 300 metros diarios.
Mal comienzo para el plan Dyle
El 10 de mayo, ante el comienzo del ataque alemán, el Cuerpo de caballería de Prioux recibió la orden de lanzar la maniobra Dyle y penetrar en territorio belga. A las 10 de la mañana, ambas DLM habían cruzado la frontera y se dirigían hacia la línea prevista. La falta de coordinación con el ejército belga era total y los franceses avanzaban precedidos por unidades de reconocimiento, cuya primera misión era evaluar el estado y la posición de las unidades belgas. Los primeros informes eran alarmantes, pues la Luftwaffe controlaba el aire, las unidades belgas no estaban en sus sectores previamente asignados y la barrera antitanque estaba situada 25 km. al este de la teórica línea de defensa.
El día siguiente trajo noticias aun peores, pues los alemanes, tras neutralizar el fuerte Eben-Emael, habían cruzado el canal Alberto en el sector de Maastricht, a través de dos puentes que habían capturado mediante una audaz operación aerotransportada, en Vroenhoven y Veldtwezelt. Prioux fue informado de la ausencia de fuerzas belgas en la zona del canal Alberto y de la brecha abierta en el dispositivo defensivo, que ponía en peligro el plan inicial.
Los alemanes aprovecharon esta situación y, en vez de dirigirse hacia el extremo septentrional de la línea del Dyle, entre el BEF y los belgas, el 16° Cuerpo de Ejército se dirigió hacia la denominada brecha de Gembloux. Prioux consideró la posibilidad de replegarse hacia el Escalda, que era un plan alternativo previamente estudiado, pero el alto mando aliado se aferró al plan Dyle. Tanto Gamelin como Georges y Billotte estuvieron de acuerdo en la continuación del plan original, ignorando el peligro que se avecinaba y la realidad del campo de batalla.
El cuerpo de caballería debía cubrir el avance de las divisiones de infantería hasta las posiciones que les habían asignado, pero esto resultaba cada vez más difícil y costoso debido a la creciente actividad de la Luftwaffe. El terreno era suave y ondulado, lo que propiciaba el movimiento de las unidades acorazadas. La 3ª DLM (con 250 vehículos) se enfrentaría a dos divisiones Panzer, desencadenando la primera gran batalla de tanques de la guerra.
Para no seguir avanzando en la ocupación francesa, y dejarlo para los próximos capítulos, acabaremos éste con un comentario sobre las tropas de ambas partes en este mes de mayo de 1.940.
Comparación de las fuerzas beligerantes
En la noche del 9 de mayo de 1.940 se alineaban en la frontera 2.350.000 soldados alemanes, con 2.700 carros de combate y apoyados por 3.200 aviones. Frente a ellos, a lo largo de un arco que se extendía desde Basilea al mar del Norte, se encontraban: 2.000.000 de franceses, 237.000 ingleses, 375.000 belgas y 250.000 holandeses, con 3.000 carros de combate y 1.700 aviones. Se observa que los alemanes tenían una considerables superioridad aérea, mientras que los aliados contaban con una ligera ventaja numérica terrestre. Como sucede a menudo, los datos estadísticos inducen a error si los consideramos por sí solos; las diferencias entre los dos despliegues de fuerzas eran enormes; en efecto, en aquel momento se enfrentaban dos modos distintos de concebir la guerra terrestre. Y éste era el factor predominante, del que nacieron casi todas las diferencias existentes en el campo de la organización, del armamento y equipo y en el terreno de la estrategia.
En el periodo comprendido entre las dos guerras el Ejército francés había sido considerado -por todo el mundo en general y por los franceses en particular- como el más adelantado en cuanto a estrategia continental en gran escala, y la Escuela de Guerra francesa representaba la Meca para los aspirantes a oficiales de Estado Mayor de muchos países. Pero, como quizá era lógico esperar, la mentalidad militar francesa no había modernizado apenas los procedimientos tácticos y estratégicos que en 1.918 llevaron al país a la victoria. Seguía sosteniendo que la defensa era superior al ataque, y que esta superioridad sólo podía anularse con el empleo de una cantidad enorme de material, sobre todo artillería. Se consideraba, además, que el ataque era un procedimiento lento y laborioso, en el que los carros de combate se limitarían casi exclusivamente a apoyar de cerca a la infantería de exploración o cobertura. Se daba gran importancia a la necesidad de mantener una línea continua. La aviación se emplearía en misiones de reconocimiento o de interceptación, y no en apoyo directo de acciones terrestres.
Los belgas y holandeses, que no contaban con fuerzas modernas, seguían la misma línea del pensamiento francés.
En cambio, los alemanes habían tenido una gran ventaja: la de tener que reconstruir de la nada todas sus Fuerzas Armadas. Por lo tanto, no se hallaban condicionados ni por formas tradicionales de la mentalidad militar -por cuanto sus jefes políticos habían separado de la dirección a los conservadores más intransigentes en el campo militar- ni por el hecho de poseer gran cantidad de material bélico pensado y fabricado para la Primera Guerra Mundial. Generales jóvenes e inteligentes como Guderian y Thoma, basaban sus principios en la idea de la concentración, en la ofensiva y en la guerra de movimientos, que tenían como finalidad la penetración profunda en la retaguardia del ″frente″ o ″línea fortificada″. Concentración, movilidad y audacia en el mando eran los tres pilares en los que se basaba la estrategia alemana.
Los ingleses estaban a mitad de camino entre franceses y alemanes. Habían tenido muy buenas ideas, pero fueron muy lentos para ponerlas en práctica. Las ″dificultades económicas″ en que se encontró el país en el período entre las dos guerras ejercieron también una acción de freno; por otra parte, entre las misiones del Ejército continuaba figurando todavía la de ″policía del Imperio″. La RAF se inclinaba a considerar la guerra aérea como algo del todo independiente y trataba de no verse obligada a intervenir directamente en operaciones terrestres.
Estas eran las ideas imperantes. Veamos las consecuencias prácticas a las que condujeron.
Fortificaciones
La expresión más concreta y visible de la fe que tenían los franceses en el poder de la defensa era la línea Maginot. Cubría las fronteras orientales y nororientales del país, desde Basilea hasta Longuyon, o sea, toda la frontera que la separaba de Alemania y Luxemburgo. Desde Basilea hasta Haguenau, como la línea fronteriza estaba constituida por el Rhin -que por sí mismo es ya un obstáculo formidable-, la fortificación consistía solamente en una espesa red de casamatas de cemento armado. En cambio, de Haguenau hacia el oeste era la construcción militar de este género más perfecta que se haya conocido y concebido jamás. Aprovechando las laderas de las colinas se hicieron grandes escarpados, de modo que constituyeran una barrera contracarro. Los intervalos se cerraron con fosos contracarros y obstáculos. Las obras principales eran verdaderas fortalezas subterráneas, semejantes en su interior a un acorazado, con cañones en torres giratorias automáticas, elevadores para las municiones y ferrocarriles eléctricos subterráneos para transportar las municiones.
Pero este gigantesco sistema defensivo terminaba en Longuyon: desde allí hasta el mar la frontera tan sólo estaba protegida por defensas improvisadas, casi todas construidas después de estallar la guerra.
Los alemanes contaban con el West Wall (muro occidental), más conocido como línea Sigfrido. Había sido construida apresuradamente, y no disponía de grandes fortificaciones, como las de la línea Maginot; su principal finalidad era proteger el flanco alemán durante una eventual campaña en Europa oriental.
Como sucediera anteriormente con la línea francesa, el tiempo y el dinero se acabaron antes de que la obra hubiera llegado a su fin: por eso, en mayo de 1.940, concluía a pocos kilómetros al norte de Aquisgrán.
La línea Maginot restringía bastante el sector en el que los alemanes podrían lanzar las ofensivas en las que se basaba su estrategia. Pero, en conjunto, la situación favorecía a estos últimos, pues la línea Maginot había hecho que los franceses confiasen demasiado en una falsa sensación de seguridad, lo que contribuyó al desarrollo de su doctrina defensiva.
Fuerzas terrestres
En el ″sector nororiental″, que defendía Francia desde Basilea hasta el mar del Norte, los franceses habían desplegado un total de 94 divisiones:
- 63 divisiones de infantería
- 7 divisiones de infantería motorizada
- 3 divisiones acorazadas
- 5 divisiones de caballería
- 13 divisiones de fortaleza
De las divisiones de infantería, 30 estaban ya constituidas en tiempos de paz; las demás eran de reserva, esto es, formadas al estallar la guerra con reservistas y exiguos cuadros de oficiales de carrera. Excepto en las divisiones motorizadas, los medios de transporte para la infantería eran aún hipomóviles, lo mismo que en las divisiones de caballería. No obstante, la potencia de fuego de una división francesa era bastante elevada; comprendía, en conjunto, alrededor de 90 piezas artilleras de diversos calibres, sin contar con las piezas contracarros y las antiaéreas. El Ejército francés entró en la guerra con más de 11.000 piezas, pero el 50% de las mismas lo constituían los conocidos cañones de «75» de la Primera Guerra Mundial, todavía eficaces, pero que estaban siendo superados rápidamente.
El Cuerpo Expedicionario inglés constaba de 10 divisiones (5 regulares y 5 territoriales), todas de infantería y parcialmente motorizadas. El 9 de mayo de 1.940, la única división acorazada inglesa, y las únicas fuerzas acorazadas con las que podía contar el citado Cuerpo Expedicionario eran: una brigada de carros, dos brigadas acorazadas ligeras para exploración y tres regimientos de caballería divisionaria; en total, unos 300 carros de combate.
El Ejército belga estaba constituido por 22 divisiones, de las cuales dos de caballería y otras dos de cazadores de las Ardenas estaban parcialmente motorizadas; las restantes eran de infantería. No existían unidades acorazadas.
El Ejército holandés contaba con 10 divisiones, todas de infantería, excepto una división ligera. Tampoco tenía unidades acorazadas.
Por parte alemana, se alineaban 136 divisiones destinadas a operar en el frente occidental y que se distribuían así:
- 118 divisiones de infantería
- 7 divisiones de infantería motorizada
- 10 divisiones acorazadas
- 1 división de caballería
Los paracaidistas pertenecían a la Luftwaffe. De las divisiones de infantería sólo 35 estaban ya constituidas en tiempos de paz; las restantes se fueron constituyendo en el transcurso de la guerra en ″siete series″. Respecto al número de piezas de artillería, el Ejército alemán era inferior al francés: sólo disponía de 7.700. Pero la pieza de campaña alemana era de 105 mms., superior al «75» francés.
En esta somera indicación de las fuerzas disponibles, lo primero que salta a la vista son, naturalmente, las diez divisiones acorazadas alemanas. Ya vimos, en la relación correspondiente a los Aliados, que sólo disponían de tres de esas divisiones y otras tres motorizadas ligeras del Ejército francés. Sin embargo, en términos absolutos, los Aliados tenían una ligera superioridad numérica en cuanto a carros de combate. Pero, para su desgracia, estos carros aliados estaban diseminados a lo largo del frente, en minúsculos grupos destinados a actuar tan sólo en apoyo de la infantería.
Fuerzas aéreas
Como las fuerzas aéreas holandesas y belgas eran insignificantes, tan solo consideramos, por parte de los aliados, las francesas e inglesas.
Las francesas, descuidadas de una manera deplorable en el periodo entre las dos guerras, comprendían en total 1.200 aviones, distribuidos en:
- 600 cazas monoplazas (Morane, Bloch, Dewoitine, Curtiss y Loire)
- 100 cazas biplaza (Potez 63)
- 150-175 bombarderos
- 350-400 aviones de reconocimiento
Las fuerzas aéreas inglesas en Francia comprendían unos 500 aparatos:
- 130 cazas (Blenheim y Hurricane)
- 220 bombarderos ligeros y de reconocimiento (Battle, Blenheim y Wellington)
- 50 aviones de dotación para el Ejército (Lysander)
Pero estas cifras no expresan la verdadera importancia de la contribución inglesa, puesto que las fuerzas aéreas que tenían su base en el Reino Unido -especialmente los grupos de Spitfire– podían actuar en territorio francés (como en efecto hicieron). Por lo tanto, en realidad las fuerzas aliadas ascendían a más de 1.700 aviones.
Contra ellos, la Luftwaffe podía desplegar el formidable potencial que se cita:
- 1.000 cazas (Messerschmitt 109 y 110)
- 1.200 bombarderos (Heinkel 111)
- 350 Stukas (Junkers 87 y 88)
- 250 bombarderos medios (Dornier)
- 400 aparatos de reconocimiento
Así pues, los alemanes poseían 3.200 aviones: una superioridad numérica de 2 a 1 aproximadamente. Además, los aviones alemanes eran, en muchos aspectos, técnicamente superiores a los de los Aliados. El único avión aliado que podía competir ventajosamente contra sus adversarios alemanes (los Me 102) era el Spitfire. Hay que tener en cuenta que sólo la aviación alemana poseía los Stukas (bombarderos en picado), destinados a suplir a la artillería en el apoyo directo a las unidades acorazadas. Evidentemente, la Luftwaffe había sido creada a la medida de la misión que debía desempeñar.
Organización del mando y despliegue de las fuerzas
Para los alemanes el problema del Alto Mando era muy sencillo: debían preocuparse únicamente de sí mismos, y sus problemas de organización se limitaban a los creados por el propio Hitler, que era el comandante supremo. Ejercía su influencia a través del Oberkommando der Wehrmacht (OKW), el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Alemanas, que en la práctica era su propio gabinete militar. Fue Hitler quien condujo a sus reacios jefes militares a preparar la guerra en el frente occidental, después tomó parte personalmente en la preparación de los planes estratégicos.
Cada uno de los tres Ejércitos tenía su propio Mando Supremo: el Ejército de tierra el Oberkommando des Heeres (OKH); la Marina, el Oberkommando der Kriegsmarine (OKM), y la Aviación, el Oberkommando der Luftwaffe (OKL). El comandante en jefe del Ejército era von Brauchitsch y el de la Luftwaffe el mariscal Goering.
Las fuerzas desplegadas en la frontera occidental estaban repartidas en tres Grupos de Ejércitos:
- en el Norte: desde el mar del Norte hasta el extremo meridional de Holanda (frente a Maastricht) el Grupo de Ejércitos B (Bock) -29 divisiones y media, de ellas tres acorazadas, dos motorizadas, una aerotransportada y una de caballería- con la 2ª Fuerza Aérea (Kesselring).
- en el Centro: desde el extremo meridional de Holanda hasta el ángulo sudoriental de Luxemburgo, el Grupo de Ejércitos A (Rundstedt) -45 divisiones y media, de ellas siete acorazadas y tres motorizadas- con la 3ª Fuerza Aérea (Sperle).
- en el Sur: desde Luxemburgo hasta la frontera suiza, frente a la línea Maginot, el Grupo de Ejércitos C (Leeb): 19 divisiones.
A disposición del OKH había una notable reserva: 42 divisiones.
La aviación estaba organizada de un modo sencillo y lógico: en la fase de ataque cada uno de los Grupos de Ejércitos estaría apoyado por una Fuerza Aérea que comprendía cazas, bombarderos ligeros y aviones de reconocimiento, mientras que los bombarderos en picado, la «artillería cercana» de las divisiones acorazadas, estaban centralizados en el OKL. La concentración, primer pilar de la estrategia alemana, era el elemento clave.
Entre los Aliados, el problema del Mando Supremo no era tan sencillo. Había cuatro países interesados, dos de los cuales -Bélgica y Holanda- estaban decididos a mantener su neutralidad hasta el fin. No sólo faltaba un mando único sino que incluso Bélgica y Holanda habían rechazado la propuesta de mantener sus Estados Mayores y los de los Aliados y de coordinar sus planes respectivos.
Tampoco entre ingleses y franceses existía un mando único en el auténtico sentido de la palabra. Aunque el Cuerpo Expedicionario británico dependía teóricamente del Mando francés, lord Gort tenía las mismas prerrogativas de un comandante en jefe de Ejército y siempre mantuvo cierta autonomía.
El sistema de mando francés era realmente extraño. Como comandante en jefe del Ejército, el general Gamelin era responsable de la defensa de Francia.
El grueso del Ejército francés, desplegado a lo largo de la frontera con Alemania y Bélgica, estaba al mando del general Georges. Gamelin tenía su Cuartel General en Vincennes, en los suburbios de París, y Georges se encontraba en La Ferté-sous-Jouarre, a unos 65 kms. de la capital. Un solo Estado Mayor, desplazado a más de 30 kms. al este de Vincennes, servía a los dos; el jefe de Estado Mayor, general Doumenec, debía hacer lo imposible para dividir su tiempo entre sus dos superiores.
El comandante en jefe de la Aviación francesa, general Vuillemin, tenía su Cuartel General en otra localidad (Coulommiers), con un «oficial comandante de las fuerzas de cooperación aérea» destacado junto al comandante en jefe. Todo el sector estaba dividido en «zonas de operaciones aéreas», cuyos límites territoriales coincidían con los de los Grupos de Ejércitos; teóricamente, esta sistematización parecía muy eficaz, pero en la práctica significó que la Aviación francesa no se utilizó jamás en masa.
A lo largo de toda la frontera nororiental y oriental de Francia, se hallaban, a las órdenes del general Georges:
- el Ejército 7 francés (Giraud), del mar del Norte hasta Bailleul. Lo constituían siete divisiones francesas escogidas, de las cuales dos eran de infantería motorizada y una motorizada ligera.
- el Cuerpo Expedicionario británico (Gort), desde Bailleul a Maulde, al NE de Douai. El 9 de mayo comprendía nueve divisiones de infantería, puesto que una división (la 51 Highland) se había trasladado al frente del Saar. Como ya se ha dicho, el comandante en jefe del Cuerpo Expedicionario, aunque dependiese del comandante francés, conservó cierta autonomía.
- el I Grupo de Ejércitos francés (Billotte), desde Maulde al extremo occidental de la línea Maginot, frente al ángulo SO de Luxemburgo. Estaba constituido por tres Ejércitos:
♦ Ejército 1 (cuatro divisiones de infantería, dos divisiones motorizadas ligeras y dos divisiones motorizadas de infantería).
♦ Ejército 9 (cinco divisiones de infantería, una división de infantería motorizada y dos divisiones de caballería).
♦ Ejército 2 (cinco divisiones de infantería y dos divisiones de caballería).
- el II Grupo de Ejércitos francés (Prételat), desplegado a lo largo de la línea Maginot, desde Longuyon hasta Basilea. Estaba formado por cuatro Ejércitos que, incluyendo las tropas de guarnición de las fortificaciones, comprendían unas 43 divisiones. No disponía de fuerzas rápidas, a excepción de una división de caballería situada en la frontera de Luxemburgo.
La reserva general francesa estaba formada por 22 divisiones, incluidas las tres divisiones acorazadas y dos motorizadas de infantería. Una agrupación de siete divisiones, de ellas dos acorazadas, estaba destinada a unirse inmediatamente al I Grupo de Ejércitos en el caso de un ataque alemán a través de Bélgica y Holanda, y cinco debían impedir una eventual maniobra de envolvimiento alemán a través de Suiza. Por consiguiente, la verdadera reserva francesa se limitaba a unas 10 divisiones.
El aspecto más notable del despliegue anglofrancés era la elevada proporción de fuerzas asignadas al sector Sur, ya eficazmente protegido por la línea Maginot. En cambio, los alemanes habían concentrado todo el peso del Ejército en la mitad septentrional del frente, dejando el sector meridional protegido tan sólo por una ligera cortina de fuerzas.
Al otro lado de la frontera, en la que desplegaba el ala izquierda anglofrancesa, el Ejército belga preparaba su organización defensiva; su comandante en jefe era el rey Leopoldo. La línea defensiva principal era el canal Alberto, que corría en dirección Noroeste, de Lieja a Amberes; al sur de Lieja la defensa se apoyaba en el Mosa, se dirigía después hacia el oeste (Namur) y luego al sur, hacia la frontera francesa. La ciudad de Lieja, con sus numerosas fortificaciones, constituía el centro de todo el sistema. Cinco Cuerpos de Ejército, con un total de 12 divisiones, se desplegaban a lo largo del canal Alberto; un Cuerpo de Ejército de dos divisiones se encargaba de la defensa de Lieja y otro, también de dos divisiones, debía asegurar la posesión de los puentes sobre el Mosa. Cuatro divisiones formaban la reserva en el interior del país.
Todavía más al norte, las diez divisiones del Ejército holandés estaban dispuestas a defender la frontera de su territorio. La línea principal de defensa, conocida como línea Grebbe, corría en dirección Norte-Sur, partiendo del extremo más meridional del Ijsselmeer hasta el Bajo Rhin, pasando al este de Utrecht. Estaba defendida por dos Cuerpos de Ejército, con un total de cuatro divisiones. Al sur de las notables defensas naturales que eran el Bajo Rhin y el río Wall, y unida a la línea Grebbe por dos brigadas autónomas, había otra serie de posiciones defensivas apoyadas en las regiones pantanosas del Peel y del Raam.
Los planes
Eran muy sencillos para los Ejércitos holandés y belga. A pesar de su insistencia en mantenerse neutrales, era evidente que el único agresor que debían temer era Alemania. Por lo tanto, su misión era resistir hasta que los ingleses y franceses intervinieran en su ayuda. Ninguno de estos dos Ejércitos se forjaba grandes ilusiones respecto a la posibilidad de conseguirlo, por lo que, tanto el uno como el otro, preveían el repliegue de las posiciones defensivas iniciales.
El plan holandés preveía que las fuerzas dispuestas en la línea Grebbe se retirarían, siempre que la situación lo hiciese necesario, para defender el lado oriental de la «Fortaleza Holanda», mientras que las que se encontraban en la línea Peel-Raam deberían defender la zona meridional.
También los belgas preveían la posibilidad de no poder mantenerse en la línea del canal Alberto y del Mosa hasta la llegada de franceses e ingleses; por lo tanto, establecieron una segunda línea defensiva a lo largo del río Dyle. Esta línea, que partía de Amberes y llegaba hasta Namur, pasando por las ciudades de Lovaina y Wavre, tenía al menos la ventaja de cubrir Bruselas y la mitad occidental del país. Se esperaba que franceses e ingleses llegarían al Dyle y a la sección meridional del Mosa antes que los alemanes, constituyendo un sólido frente defensivo.
Los planes anglofranceses se basaban en la hipótesis de que la maniobra alemana sería una versión más amplia y ambiciosa del plan de Schlieffen de 1.914. En otras palabras, creían que los alemanes intentarían desbordar por el flanco izquierdo la línea Maginot, haciendo progresar su ala derecha a través de Holanda meridional y Bélgica. Se preveía que el esfuerzo principal de la ofensiva alemana se ejercería sobre las regiones centrales de Bélgica, aproximadamente a lo largo de la línea Lieja-Bruselas-Ostende, efectuando después una conversión hacia el Sur para envolver el flanco izquierdo del despliegue aliado. Para neutralizar esta probable maniobra alemana, los Aliados proyectaban hacer avanzar su ala izquierda para apoyar a los belgas en el Dyle y en el Mosa, enviando al mismo tiempo fuerzas a Holanda meridional para ponerse en contacto con las posiciones defensivas de la «Fortaleza Holanda».
De sur a norte los planes eran los siguientes: el Ejército 9 francés, efectuando una conversión con su ala derecha como eje, debía alcanzar el Mosa desde la frontera hasta Namur; el Ejército I francés progresaría hacia el Este para cubrir el espacio entre el Mosa y el Dyle, a la altura de Namur y Wavre, y el Cuerpo Expedicionario inglés debía avanzar para cubrir el Dyle desde Wavre, a pocos kilómetros de Lovaina, donde se esperaba que el Ejército belga conseguiría prolongar la línea defensiva hasta Amberes. En el ala izquierda del despliegue, el Ejército 7 francés se trasladaría a la zona de Breda, a fin de que pudiera cubrir el intervalo entre Amberes y las defensas meridionales de la «Fortaleza Holanda».
Según la duración de la resistencia belga se habían establecido planes eventuales: si los belgas conseguían resistir a lo largo del canal Alberto, las tropas aliadas se adelantarían hacia aquella zona; por el contrario, si no podían sostenerse en el Dyle, los Aliados harían frente a los alemanes en la línea del río Escalda (Maulde-Gante-Amberes).
Mientras tanto, el Ejército 2, que constituía el ala derecha del primer Grupo de Ejércitos francés, y todo el II Grupo de Ejércitos permanecerían a la defensiva en las posiciones fronterizas y a lo largo de la línea Maginot.
El plan alemán, en un principio, había sido exactamente el previsto por los aliados. La primera versión del «Plan Amarillo», que databa de octubre de 1.939, asignaba al Grupo de Ejércitos B, del general Bock, desplegado en la zona septentrional del frente, tres Ejércitos y ocho de las diez divisiones acorazadas. Las tropas alemanas debían apoderarse de la zona Amberes-Bruselas-Namur y avanzar después hacia el mar en dirección a Ostende.
El grueso de las fuerzas acorazadas debería encontrarse en el flanco exterior, a fin de envolver el ala izquierda del dispositivo Aliado. Rundstedt, con dos Ejércitos del Grupo A, protegería el flanco izquierdo de Bock.
Pero en febrero, al saber que los Aliados se habían enterado se sus planes, Hitler permitió que se efectuara una transformación radical de los mismos. En efecto, se invirtieron las misiones de los Grupos de Ejércitos A y B: según el nuevo plan, el ataque principal debía llevarlo a cabo Rundstedt con el Grupo de Ejércitos A, mientras Bock protegería el flanco derecho, atrayendo a Bélgica y Holanda el ala izquierda inglesa y francesa. El objetivo del nuevo plan era mucho más ambicioso: romper el frente aliado en el Mosa, entre Sedán y Namur, y alcanzar directamente la costa en Abbeville, cercando así a los Ejércitos 1 y 7 francés y al Cuerpo Expedicionario británico.
El éxito de la maniobra dependía de la rapidez con que las fuerzas acorazadas consiguiesen romper el frente enemigo, así como de la magnitud del desorden creado por un avance tan rápido en Bélgica y Francia.
En otras palabras, dependía de la movilidad y de la audacia, los otros dos firmes pilares de la estrategia alemana.
Elemento humano
Aunque con algunas excepciones importantes, se puede afirmar que, en septiembre de 1.939, en ninguno de los cinco países beligerantes los hombres marcharon a la guerra con entusiasmo. Un elevado porcentaje de todos los ejércitos estaba formado por reservistas, que cumplían con su deber resignados y sin convicción.
El Ejército regular francés disponía de excelentes soldados; sin embargo, revelaban la influencia «soporífera» de la burocracia y de la rutina militar de los años transcurridos entre las dos guerras. En cierto sentido, parecía que les faltase el ánimo.
En cuanto a las divisiones de reserva dejaban mucho que desear. Además, los franceses no supieron aprovechar el período de la «guerra extraña». Aquel largo período de espera y de inactividad debilito la disciplina y la moral.
Los belgas y holandeses, en su posición de neutrales y después de «socios recientes», no podían sentir, respecto al inminente conflicto, otra cosa que temor.
Los soldados estaban decididos a defender en lo posible sus propios países, pero ninguno de los dos Ejércitos podía considerarse como una fuerza moderna de combate.
En cuanto a las fuerzas inglesas, aunque numéricamente exiguas, eran de buena calidad. El soldado inglés, tanto el regular como el territorial, había ido a la guerra decidido a cumplir con su deber por una causa que consideraba justa. El Cuerpo Expedicionario, a pesar de las condiciones atmosféricas terriblemente adversas, supo aprovechar adecuadamente la pausa invernal. No sólo se dedicó a la construcción de líneas defensivas -que muy pronto tuvieron que ser modificadas-, sino que se sometió también a un duro programa de instrucción.
Respecto al Ejército alemán, en mayo de 1.940 estaba considerado como un instrumento bélico casi perfecto, armado, equipado y adiestrado de un modo excelente. La campaña de Polonia había demostrado la validez de los métodos empleados y la eficacia de su equipo. Si existía algún entusiasmo entre los beligerantes ante el inminente conflicto tendríamos que buscarlo entre las fuerzas regulares alemanas; pero éstas sólo representaban 52 de las 136 divisiones empleadas en el frente occidental. Los reservistas no fueron a la guerra con mayor convencimiento que sus colegas aliados.
Pero los alemanes supieron aprovechar mejor que los franceses el período de adiestramiento invernal para mejorar la calidad de sus divisiones de reserva; no obstante, a pesar de todo, estas divisiones no alcanzaron el alto nivel de eficacia de las fuerzas regulares.
Los mandos
La observación más sorprendente que se puede formular respecto a los mandos franceses es la siguiente: de casi todos los hombres que el 9 de mayo ocupaban los grados más elevados se han olvidado hasta los hombres. El general Giraud, que mandaba el Ejército 7 francés, tuvo más tarde cierta notoriedad durante un breve período como posible leader, pero sólo para desaparecer de nuevo. El entonces coronel De Gaulle mandaba una división acorazada sólo parcialmente constituida, y el general de Lattre de Tassigny (destinado a desempeñar después un papel de primer orden en las campañas de la Francia libre) una división de infantería. Pero los mandos superiores -Gamelin, Georges, Billotte, Prételat- desaparecieron de la escena de la historia sin dejar rastro.
Los mandos franceses se embebían en detalles exclusivamente burocráticos. Faltaba el ánimo. Afrontaron el inminente encuentro con el enemigo tradicional sin temor y sin entusiasmo, con la tranquilidad y, en cierto modo, con la negativa autocomplacencia en la confianza que les inspiraba la superioridad de su sistema y de la doctrina militar francesa.
Según los alemanes, los mandos ingleses eran «anticuados y perezosos …; en los niveles más altos son reacios a tomar decisiones audaces». Aunque algo de esto era cierto, no podía aplicarse a algunos oficiales superiores. Los ingleses tenían el soberbio instrumento de guerra que todos creían, no obstante confiaban en que «se batiría bien en el campo de batalla».
En el otro bando, los mandos alemanes no deseaban combatir. Pero, desde el punto de vista técnico, eran todos muy competentes, y entre ellos había algunos, como Guderian, Reinhardt, Hoth, Kleist y Rommel, que sentían gran entusiasmo por su propio tipo de guerra, basado en el empleo de numerosas unidades acorazadas.
Pero los mandos de más edad consideraban con preocupación la decisión de Hitler de extender la guerra. Cuando en el otoño de 1.939 supieron que estaba elaborando planes estratégicos para un ataque contra Occidente, se opusieron casi sin excepción a esta idea. Brauchitsch, comandante en jefe del Ejército, y Halder, su jefe de Estado Mayor, hicieron todo lo posible para disuadir a Hitler, apoyados por Bock, Leeb y Rundstedt, precisamente los generales a quienes se confiaría después el mando de los tres Grupos de Ejércitos. Pero Brauchitsch era un hombre débil y Hitler superó fácilmente críticas y objeciones. El 9 de mayo de 1.940, aun continuando con inquietantes dudas sobre la sensatez de la aventura en que se estaban embarcando, estos hombres estaban dispuestos a seguir adelante.
Comparación de las fuerzas acorazadas
Aunque en noviembre de 1.918, el fin de la primera Guerra Mundial parecía simbolizar de una forma explícita una completa victoria de los Aliados y una derrota definitiva del Ejército alemán, en realidad no era así. En los últimos meses de la guerra, los alemanes estaban todavía retirándose en buen orden hacia sus fronteras; es más, comenzaban incluso a estabilizar el frente. En efecto, los Ejércitos aliados, a consecuencia de las bajas experimentadas y de las dificultades cada vez mayores con que se enfrentaban para mantener el abastecimiento de sectores cada vez más distantes de las bases, estaban reduciendo su empuje ofensivo. Se hacía cada vez más difícil llevar al frente aquellas armas que habían demostrado ser decisivas (artillería y carros de combate), y mantenerlas después en condiciones de poder combatir en masa y de modo continuo. Y por otra parte, si faltaban estas armas, una cortina relativamente débil de ametralladoras bastaba para retardar y contener el avance de la infantería y de la caballería durante el tiempo suficiente para establecer en la retaguardia sucesivas líneas de defensa. Por ello, a principios de noviembre de 1.918, los progresos de los Aliados se hacían cada vez más lentos y débiles.
Pero los acontecimientos decisivos del conflicto tuvieron lugar en agosto y septiembre, cuando las derrotas experimentadas por los alemanes pusieron de relieve el fracaso de su ofensiva y el desgaste que la guerra había ocasionado en el país y en el Ejército. La más decisiva de estas derrotas fue la del 8 de agosto de 1.918, en Amiens, cuando 430 carros de combate ingleses -unidos a la infantería y caballería- rompieron las líneas alemanas, convenciendo al general Ludendorff, que entonces dirigía todo el aparato bélico alemán, de que aquella guerra debía terminar. Los carros de combate ingleses no habían llegado mucho más allá de las defensas avanzadas alemanas, pero un empleo tan masivo asestó a los soldados alemanes y a sus jefes un golpe muy duro, del que no habían logrado reponerse.
Los carros de combate de 1.918 no eran lo suficientemente veloces ni seguros para permitir, después de haber roto las líneas enemigas, una penetración en profundidad hasta alcanzar posiciones tácticas situadas en la retaguardia. Pero los que se estaban construyendo por aquel entonces, y que tenían que entrar en acción en 1.919, habían sido proyectados precisamente para poder efectuar este tipo de acciones, y los planes de los Aliados, que habrían de llevarse a cabo en el citado año, se basaban en este tipo de estrategia. A estos nuevos medios, más veloces y seguros, los alemanes sólo podrían oponer su artillería de campaña, cierto número de piezas contracarros, ligeras e ineficaces, y los pocos y toscos carros de combate que poseían.
El general Ludendorff, desde un principio, había rechazado la idea del carro, porque consideraba improbable que estos vehículos, lentos y pesados, pudieran resultar eficaces instrumentos de guerra. Además, puesto que cuando a un ejército se le ofrecen nuevos medios es necesario un largo período de tiempo para que los soldados aprendan a mantenerlos en estado de eficacia y a utilizarlos del modo más apropiado, sería imposible anular en unos pocos meses la ventaja que los Aliados habían adquirido en dos años.
La Primera Guerra Mundial terminó, por lo tanto, en un momento en que la victoria en el campo de batalla y los elementos que la habían determinado aún no se veían claramente. No obstante, muchos alemanes estaban convencidos de que el empleo de los carros de combate por sorpresa, en unidades potentes y en los lugares más inesperados, fue una de las causas de su derrota. El general von Kuhl, que había sido oficial de Estado Mayor del Grupo de Ejército atacado y derrotado en Amiens, escribió, diez años después de aquella batalla, que el elemento más importante y decisivo del factor sorpresa que aprovecharon los aliados había sido el empleo de los carros de combate.
Pero precisamente los Aliados no se habían convencido de ello, dominados por la inercia originada por el agotamiento, dejaron que su iniciativa se estancara en los procedimientos de 1.918. Por lo que respecta a los franceses, durante más de veinte años persistieron en una concepción que destinaba a los carros de combate a desempeñar el simple papel de complemento de la infantería o a sustituir a la caballería en la exploración. Y no pudiendo imaginar que un día se verían obligados a combatir en su propio suelo en una guerra basada en el empleo de grandes masas de carros, los organizaron en batallones, casi todos destinados a actuar en pequeños grupos agregados a las divisiones de infantería.
A partir de 1.932, y basándose en las divisiones de caballería existentes, el Ejército francés desarrolló cierta actividad de investigación y de experimentación. Fundándose en los resultados de tales experimentos, se constituyeron tres divisiones motorizadas ligeras -otra estaría en fase de creación en mayo de 1.940-, cada una con 220 carros de combate, cierto número de autoblindados y una brigada de infantería. Pero los franceses no supieron emplear adecuadamente este nuevo tipo de unidades, sólo porque la vieja doctrina de empleo de la caballería imponía que ésta debía utilizarse diseminada a lo largo del frente, en misión de cobertura o de vanguardia.
Fue tras la destrucción del Ejército polaco, en septiembre de 1.939, debida en gran parte a la acción combinada de los carros de combate y la aviación, cuando los franceses comenzaron apresuradamente a crear cuatro nuevas divisiones, dotadas de medios acorazados más pesados y con contingentes de infantería proporcionalmente inferiores a los carros de combate. No se trataba todavía de verdaderas divisiones acorazadas: según sus planes, su misión sería la de abrir brecha en las líneas enemigas por la que pudiesen pasar otras unidades convencionales. No estaban concebidas todavía como unidades equilibradas y autosuficientes, capaces de avanzar en profundidad en territorio enemigo para destruir los centros claves y logísticos, operación que constituye la esencia de la capacidad operativa de las grandes unidades acorazadas.
Los ingleses no cayeron en el mismo error que los franceses; pero el país que en 1.918 se jactaba de haber ganado la guerra se había dormido sobre los laureles. Las elevadas pérdidas en carros, experimentadas en los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, constituyeron una formidable arma dialéctica para los que sostenían que esta máquina no podía sustituir al caballo como elemento base de un arma móvil y decisiva. Además, el elevado coste de fabricación y mantenimiento de los carros de combate fue otra formidable persuasión en contra de una expansión ulterior de los mismos.
La idea del carro de combate
A pesar de todo, en Inglaterra se consiguieron notables progresos. El descubrimiento de que los carros de combate y los autoblindados permitían mantener el orden, de un modo menos costoso y más eficaz, en las zonas más turbulentas del Imperio, hizo que se activaran las tareas de investigación y experimentación en este campo. La tenacidad de unos pocos hombres entusiastas llegó a proyectar la «idea del carro de combate» más allá de los límites del empleo táctico e introducirla en el campo de la estrategia.
Estos hombres proyectaron y adiestraron unidades de carros de combate verdaderamente únicas, tanto por la novedad de su concepción como por su eficacia técnica. A fines de 1.934, el general Hobart, en su calidad de comandante de la primera brigada de carros, hizo hincapié en lo que Broad y Pile ya habían demostrado en años anteriores: esto es, que con un gran avance en profundidad, una fuerza móvil compuesta por carros de combate, podía poner en condiciones de franca inferioridad a fuerzas enemigas muy superiores. Se demostró asimismo que los carros de combate podían superar en importancia a la mejor infantería entonces existente. Y quienes así lo afirmaban no eran soñadores, sino soldados expertos que basaban sus ideas en la amarga experiencia adquirida en los cuatro sangrientos años de la guerra anterior; eran hombres que muchas veces no podían disimular su impaciencia frente a la actitud de aquellos que no podían o no querían comprender la realidad y que, con su pereza mental, no conseguían adaptarse al ritmo impuesto por las nuevas fuerzas mecanizadas.
El general Hobart, que divulgaba sus ideas empleando un lenguaje que no respetaba los convencionalismos, manifestaba claramente que no estaría dispuesto a tolerar que la rapidez de acción, derivada del empleo de los carros de combate, fuese retrasada por unidades de artillería, caballería o infantería incapaces de adaptarse a sus máquinas y al ritmo que éstas imponían. Y con su insistencia sobre la necesidad de una maniobra extremadamente rápida y eficiente, asustó a sus colegas de mentalidad tradicional; y hasta tal punto fue así que se produjo un movimiento de reacción contrario por parte de los jefes de la antigua escuela.
Los elementos tradicionalistas ejercieron una acción retardadora sobre todo el progreso ulterior en este campo, y además se aseguraron el apoyo de algunos influyentes políticos.
Resultado de todo ello fue que cuando en mayo de 1.940 se produjo el choque con los alemanes, sólo unas pocas unidades de carros tenía la suficiente preparación y experiencia para enfrentarse con los problemas teóricos concernientes al nuevo tipo de guerra mecanizada.
El entusiasmo de los alemanes
En Alemania, al principio, los militares tradicionales expresaron las mismas tendencias conservadoras; pero con la llegada de Hitler al poder la atmósfera política se convirtió en la antítesis de la que existía en Inglaterra.
Inmediatamente después de haber anulado las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles, Hitler prestó todo su apoyo a los que habían dedicado sus estudios y experiencias a los carros de combate. Estos generales (Guderian, Thoma, Lutz, Brauchitsch, Blomberg y Reichenau) recibieron carta blanca para hacer realidad sus ideas. Tenían imaginación y capacidad intuitiva, una acentuada tendencia a atribuir la más elevada eficacia estratégica y psicológica a los golpes descargados en profundidad, así como entusiasmo y rapidez de decisión: todas las cualidades requeridas por la naturaleza de las operaciones bélicas con fuerzas acorazadas. Reconocían honradamente que mucho de lo que sabían lo habían aprendido estudiando, y a veces copiando lo que en un principio hicieron los ingleses. (Se dice que después de un ejercicio de fuerzas acorazadas realizado antes de la guerra y que resultó un éxito total, Guderian brindó con una copa de champaña a la salud de Hobart). No prestaban mucha atención a los franceses, ni siquiera a De Gaulle, quien por aquel entonces acababa de publicar un breve ensayo sobre El Ejército del futuro. En 1.936 los alemanes estaban ganando rápidamente terreno, tanto por el número como por la calidad de los medios, mientras que en el campo de la organización y de la aplicación de criterios modernos tenían ya una clara ventaja sobre ingleses y franceses.
Desde el principio concentraron los medios acorazados en divisiones especiales, constituidas por un equilibrado conjunto de contingentes de las diversas armas: carros de combate, artillería, infantería, ingenieros y servicios. Nunca se tomó en consideración la idea francesa e inglesa de disponer de carros de combate «de infantería», ni a la doctrina referente a su uso. Los carros, apoyados por su artillería e infantería, actuarían como una fuerza estratégica dirigida contra los puntos más débiles del enemigo, precediendo al grueso de la infantería, más lenta por naturaleza.
Este ejército de carros de combate, que el 9 de mayo contaba con 10 divisiones acorazadas, era ya rico en experiencias. Además de los intensos ejercicios realizados en Alemania en tiempo de paz, los completaron después en la ocupación de Austria, en 1.938, y de Checoslovaquia en 1.939. En el curso de los rápidos y largos avances a través de aquellos países, aun sin verse obligados a combatir, los alemanes sacaron valiosas enseñanzas en el campo de la organización. Así, en septiembre de 1.939, cuando comenzó la verdadera actividad bélica, todo el aparato organizador funcionó magníficamente, y las divisiones acorazadas derrotaron al anticuado Ejército polaco en pocos días, demostrando que la calidad de las fuerzas mecanizadas y bien especializadas podía dar cuenta fácilmente de la cantidad de los grandes ejércitos tradicionales de reclutas. La campaña de Polonia confirmó lo que se sabía desde hacía tiempo: con su pesado fuego de apoyo, el arma aérea, actuando en estrecha colaboración con los carros de combate, constituía un complemento eficaz para las unidades que operaban en profundidad en territorio enemigo.
En efecto, la aviación vino a sustituir a la artillería pesada.
Orquesta sin partitura
La situación de las fuerzas acorazadas adversarias, el día 9 de mayo de 1.940, puede resumirse así: los franceses, inmersos aún en una técnica de veinte años atrás y con un elemento humano sin experiencia alguna en cuanto a las modernas condiciones del combate, cooperaban con fuerzas inglesas cuyas técnicas, si bien estaban bastante más modernizadas, no las sabían poner en práctica de una manera adecuada. En realidad, fue precisamente esta falta de experiencia lo que repercutió negativamente en la capacidad combativa de los Aliados. Sus unidades acorazadas, tanto por motivos de política y doctrina como por falta de carros, no tuvieron la posibilidad de ejercitarse. Tampoco existía una estrecha cooperación con la aviación en la zona inmediatamente a vanguardia del frente. En una palabra, se trataba de una orquesta sin partitura.