25/10/2026

Día 10: Le Mont-Saint-Michel -Saint-James – Fougères

   Día 10. Estamos en la mitad del viaje, y hoy va a ser un día diferente en muchos aspectos. Nos vamos de Bourseul (Bretaña) a Mont-Saint-Michel (Normandía), de aquí a Saint-James (Normandía), luego a Fougères (Bretaña) y finalmente a Laval (País del Loira). Estamos en todo momento en los límites de las regiones. Además, hoy vamos por fin a la Maravilla, posiblemente el lugar más visitado de Francia después de París.

   Aparcamos el coche en el parking del Mont-Saint-Michel, tras ir por una carretera cercana al río Couesnon, y viendo la isla al frente, vamos andando hacia la pasarela que nos lleva a la piedra, con su abadía dominando el paisaje.

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

   Estamos en bajamar, y al cruzar la pasarela lo que vemos es una especie de limo. Nos hacemos unas fotos a medida que nos vamos acercando, y de repente estamos en la plaza exterior de la isla. Nos fumamos un cigarro, recobramos el ritmo respiratorio y a través de la Cour de l’Avancée penetramos en la isla. Integrada en la muralla, forma un espacio triangular. Está defendida por  una pasarela elevada y una torre de media luna. Es sábado, y ya hay mucha gente por las calles. Un resumen rápido de la isla:

  • torres (8): Tour du Roi, Tour de l’Arcade, Tour de la Liberté, Tour Basse, Tour Cholet, Tour Boucle, Tour du Nord y la Tour Gabriel.
  • puertas: Porte de l’Avancée y Porte Echaugette.
  • Musée Grevin.
  • Chapelle St-Aubert.
  • Fontaine St-Aubert.
  • la Grand Rue.
  • la Merveille, con el claustro, refectorio, el Bois de l’Abbaye.

   La estatua de San Miguel de 4 metros alcanza una altura de 157 metros sobre el nivel del mar.

   Tras esperar diez minutos en la cola para sacar los tickets, nos dirigimos a la Abadía. El circuito se divide en tres niveles:

   Nivel 1: el exterior de la Gran Escalera, Grand Degré, con sus 100 escalones, que da acceso al patio del Castillete (Châtelet); debajo del arco rebajado de su entrada, la escalera de Goufre conduce a la Sala de los Guardias (Salle des Gardes) y a la capellanía (taquilla).

   Nivel 2: el interior del Grand Degrée, en 90 escalones, conduce a la sala de recepción y maquetas (Saut-Gautier) y a la plaza de la iglesia con su terraza panorámica. En este nivel tenemos la iglesia abacial del s. XI, instalada en la cima del peñasco, a unos 80 metros sobre el nivel del mar, sobre una plataforma de otros 80 metros de largo.

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

   La nave presenta una elevación a tres niveles: arcadas, tribunas y ventanas altas. La estructura de la nave esta cubierta por una bóveda revestida de láminas de madera. El coro románico, derrumbado en 1421, fue reconstruido tras la guerra de los Cien Años en estilo gótico flamígero.

   La visita continua por el claustro. Esta galería que permitía circular entre los diferentes edificios, era un lugar de oración y de meditación. Durante las fiestas religiosas se desarrollaban aquí las procesiones. El claustro está situado en la cima de un edificio que se denomina la Maravilla, construido a principios del siglo XIII. Permite el acceso al refectorio, a la cocina, a la iglesia, al dormitorio, al archivo de cartas y a diferentes escaleras. Al oeste, el hueco central que da al mar, debía haber dado acceso a una sala capitular nunca construida.

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

   Las galerías del claustro fueron labradas para aligerar el peso. Una doble fila de columnitas ligeramente desfasadas, dibuja perspectivas cambiantes sin cesar.

   En el refectorio, los monjes tomaban su comida en silencio, mientras que uno de ellos, desde la cátedra de la pared sur, hacía la lectura. Las paredes laterales de esta sala están abiertas con estrechas ventanas invisibles desde la entrada.

   Nivel 3 :    Por una escalera se accede a la sala de los Huéspedes que se encuentra bajo el refectorio. Estaba destinada a recibir a los reyes y nobles. La visita continúa accediendo a la cripta de gruesos pilares. La cripta fue elevada a mediados del siglo XV para sostener el coro gótico de la iglesia abacial.

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

   Se llega a la cripta de San Martín, elevada tras el año mil para servir de cimiento al brazo sur del crucero de la iglesia abacial. Esta cripta presenta una bóveda de un alcance impresionante de nueve metros. Desde la cripta de San Martín, se accede por un pequeño pasaje a la enorme rueda que ocupa el antiguo osario de los monjes (no estaba accesible al público esta zona). Fue instalada hacia el año 1820 para subir los alimentos de los presos encerrados en la iglesia abacial transformada en prisión. Es una réplica de las ruedas utilizadas en la Edad Media para las obras de construcción. La capilla de San Esteban está situada entre la enfermería que se derrumbó a principios del siglo XIX y el osario de los monjes. Servía naturalmente de capilla de los muertos.

   Tomando luego la escalera norte-sur, situada bajo la terraza del oeste, y que es el gran eje de circulación del monasterio románico, se va al paseo de los monjes, larga sala con doble nave. Sus arquitectos pensaron montar sus bóvedas sobre arcos cruceros: esta innovación anunciaba el nacimiento del arte gótico a principios del siglo XII. Se encuentra la Maravilla entrando en la sala de los Caballeros. Construida para sustentar el claustro, era la sala de trabajo y de estudio de los monjes. Su obra intelectual ha llegado hasta nosotros; los manuscritos de la abadía se conservan en Avranches. Finaliza la visita de la Maravilla en la capellanía, establecida en el primer nivel bajo la sala de los Huéspedes. Era en este lugar donde los monjes acogían a los pobres y los peregrinos de cualquier condición.

   La abadía del Mont-Saint-Michel es un monumento único: su plano no puede compararse a ningún otro monasterio. Teniendo en cuenta la forma piramidal del Monte, los contratistas de la Edad Media dispusieron los edificios en torno al peñasco granítico.

   La iglesia abacial, situada en la cima, reposa sobre criptas que crean una plataforma capaz de soportar el peso de una iglesia de 80 metros de largo.

   El edificio de la Maravilla, frecuentemente evocado como florón de la arquitectura de la abadía, es el testimonio de la maestría arquitectónica de los constructores del siglo XIII, que lograron apoyar sobre la pendiente del peñasco dos cuerpos de edificios de tres pisos. Disposiciones técnicas precisas permitieron esta realización. En la planta baja, el estrecho colateral de la bodega sirve de apuntalamiento. A continuación, se superponen los soportes de los dos primeros niveles del edificio occidental. Finalmente, las estructuras son cada vez más ligeras a medida que se avanza hacia la cima. En el exterior, el edificio se sostiene por potentes contrafuertes. Los grandes principios de la orden monástica influenciaron también la organización y la arquitectura de los edificios. La regla de San Benito, a la que están sometidos los monjes del Monte, preveía que pudieran dedicar su jornada a la oración y al trabajo. Las salas fueron dispuestas en torno a estas dos actividades respetando el principio de la clausura, reservando el espacio a los monjes. Así, fieles a este principio, las salas destinadas a recibir a los laicos se instalaron en la planta baja y primer piso de la Maravilla. Dos grandes imperativos prevalecieron durante la construcción de la Abadía: las exigencias de la vida monástica y las dificultades tipográficas.

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

   Aquí dentro, el tiempo no pasa. Vayas por donde vayas crees cruzarte con un monje en actitud sumisa, rezando, moviendo sus sandalias por el piso. Bóvedas espectaculares, columnas únicas, techos de madera, piedras que ocultan ventanas,… Y aunque parezca difícil de explicar, dentro no tienes la sensación de saturación de gente.

   Al salir, nos compramos unos bocadillos en una tienda, con unas latas de Coca-Cola, y sentados en unos bancos de piedra, mirando al horizonte eterno e infinito, saboreamos para nuestros adentros la experiencia cultural y religiosa vivida. Cuando volvimos al coche por la pasarela nos dábamos la vuelta cada diez metros para decirle «hasta pronto». Y ahora, un poco más de historia:

   La costa oeste de Francia, principalmente en la región de Cotentin, ha sufrido profundas transformaciones a lo largo de las edades geológicas. Rodeada por la erosión marina, la antigua costa ha desaparecido gradualmente bajo las olas: las Islas del Canal, Tombelaine y Mont-Saint-Michel, formadas por rocas de granito, son los vestigios del continente primitivo.

   Antes del siglo VIII, en el golfo que nos ocupa, la costa se extendía desde el punto de Cancale hasta el punto de Carolles. La roca como su vecino Tombelaine, era solo una eminencia rocosa que se elevaba en medio de una rica vegetación forestal. La leyenda dice que los druidas celebraron allí sus sangrientos sacrificios durante mucho tiempo. Luego vinieron cristianos solitarios, que abrigaron sus ermitas bajo los inmensos bosques de Scissy, derrocaron a los ídolos paganos y establecieron la nueva adoración. El más famoso de estos ermitaños fue Saint Pair, que evangelizó la región desde el siglo VI.

   La historia de Mont-Saint-Michel comienza con una leyenda de la cual Saint Aubert, décimo obispo de Avranches, es el héroe. Según esta leyenda, Saint Aubert habría erigido en el Mont un oratorio a Saint Michel, que le habría aparecido en un sueño varias veces. El santo obispo habría resistido mucho tiempo, pero ante las repetidas órdenes del Arcángel, habría decidido en el año 708 erigir en el Monte una capilla en un sitio designado por el Príncipe de la Milicia Celestial. Es probable que este oratorio fuera solo una especie de cueva excavada en el costado de la roca y cuyos últimos vestigios dieron paso a las construcciones de la colegiata que lo sucedió. Según la misma leyenda, durante las demoliciones para eliminar los últimos vestigios del paganismo galo, los esfuerzos de los trabajadores fracasaron frente a un enorme menhir que coronaba la cima de la montaña. Saint Aubert habría llevado a un niño en la cuna, cuyo pie habría descansado sobre la pesada roca que habría rodado hasta el pie de la montaña. Cuando la voz popular declaró santo a este obispo, se erigió la Capilla, conocida como Saint-Aubert, en este punto, en conmemoración de este prodigio.

   Una tradición muy discutible, coloca alrededor de este tiempo (709) la invasión final del legendario bosque de Scissy que una gran marea de equinocio, impulsada por un fuerte viento del norte, habría envuelto repentinamente, evitando solo las alturas de Mont y Tombelaine. Los clérigos de la diócesis, enviados a Italia por Saint Aubert para traer reliquias destinadas al nuevo santuario, habrían tenido, a su regreso, la sorpresa de encontrar el mar donde se extendía la exuberante vegetación forestal. Para proteger estas reliquias, Saint Aubert fundó el monasterio de Mont-Tombe, estableciendo en este islote un colegio de doce cánones que dotó de los ingresos necesarios para su existencia en común. En busca de agua para sus religiosos, descubrió, en la parte inferior de la montaña, al norte, la fuente que lleva su nombre y que abasteció a la abadía hasta el siglo XV.

   Las sonoras celebridades de los milagros realizados alrededor del oratorio de Saint Aubert trajeron una multitud de peregrinos cuyas ofrendas contribuyeron a la extensión de la comunidad. Se concluye que la montaña disfrutaba de un privilegio especial por parte del Arcángel, y en lo sucesivo se llamó Mont-Saint-Michel. Fue entonces cuando comenzaron las visitas de los reyes de Francia al Mont, inaugurada por la de Childeberg II en el comienzo del monasterio.

   Cuando Carlomagno murió, toda la Neustria occidental fue devastada por los normandos. Huyendo de la invasión, algunas familias buscaron refugio en el Monte, cuya situación parecía poder defenderlos contra las incursiones piratas. Este fue el origen de la ciudad establecida a los pies de la abadía y que todavía hoy constituye la pequeña ciudad de Mont-Saint-Michel.

   El jefe de las hordas invasoras, Rollo, que se convirtió en duque de Normandía, se hizo cristiano y restauró la abadía con los cánones dispersados por los bárbaros. Su hijo, Guillaume Longue-Epée, dotó al monasterio de una inmensa herencia. Estas riquezas, unidas al contacto de la población secular, trajeron la relajación en las costumbres de los monjes, que Richard I, tercer duque de Normandía, remedió llevando a la isla a doce monjes benedictinos que cumplieron la Regla de su Orden. Una carta aprobada por el Papa Juan XIII y el Rey de Francia Lothaire, fijó la relación entre los duques de Normandía y los monjes de la abadía. Así, el abad debía ser elegido por sus pares e investido con poder temporal apoyado por la jurisdicción absoluta.

   El primer abad elegido, en el año 966, fue Maynard, que ayudado por su sobrino y futuro sucesor, trabajó para reconstruir la biblioteca previamente saqueada por los indignos cánones. Ya bajo Maynard II, el monasterio estaba floreciendo, cuando las llamas de un incendio que había comenzado en la ciudad, se elevaron a la abadía que quedó reducida a cenizas. Gracias a la generosidad del duque Ricardo II, se reconstruyeron las viviendas y se reparó la pequeña colegiata construida en el curso del siglo X.

   Hildeberg, sucesor de Maynard II, erigió en la orilla, en conmemoración de un milagro, un edificio famoso durante mucho tiempo, bajo el nombre de Croix des Grèves, y que un día desapareció arrastrado por las olas.

   Con Hildeberg II comienza la historia monumental de la abadía: por él estamos en deuda con el concepto de establecer, en la parte superior del cono rocoso, una plataforma para que la iglesia estuviera al mismo nivel que los edificios del claustro.. Sin embargo, dada la importancia de las subestructuras requeridas por el plan adoptado, el trabajo de Hildeberg II y el de sus sucesores más cercanos se detuvo en el coro de la iglesia, del que no queda nada, y algunas partes inferiores de la nave románica, comenzada en 1023, y que en 1048 estaba sólo con cuatro grandes pilares y los arcos de la bóveda del campanario central.

   A finales del siglo XI, la abadía era muy rica: el padre Ranulphe de Bayeux había podido equipar seis naves para traer al triunfante Duque Guillermo de Inglaterra. La gratitud del Rey Duque se manifestó en su generosidad. A la prelatura del capellán Roger le debemos la construcción de las partes superiores de la nave que, apenas terminada, se derrumbó una noche (1103).

   Su sucesor, Roger II, tuvo que rehacer la mayoría de los edificios de la abadía ubicados al norte y quemados por un rayo el 25 de abril de 1112. Fue entonces cuando se levantó la Cripta del Aquilon y luego el Paseo marítimo que lo supera y, arriba, el dormitorio, que fue acortado en el siglo XVIII.

   Un espíritu de indisciplina había germinado en la abadía bajo el imperio de la legítima indignación provocada por la invasión de los duques al poder electivo de los monjes. Sin embargo, se llegó a un acuerdo que condujo a la elección de Bernard du Bec. Este último estableció un pequeño priorato en Tombelaine, donde separó a tres monjes de la abadía para que todo el personal pudiera sumergirse en la vida cenobítica. Al mismo tiempo, Bernard reanudó el trabajo en la iglesia construyendo un campanario de piedra en los cuatro grandes pilares en la intersección de la nave con el crucero. También decoró las vidrieras pintadas, algunos fragmentos de ellas fueron encontrados en las excavaciones realizadas en 1875.

   Después de un nuevo período de disturbios causado por los excesos de poder del rey de Inglaterra, Henri II Plantagenet, se llevó a cabo una elección libre el 27 de mayo de 1154, que confirió el báculo de la abadía a Robert de Torigni, cuya prelatura supuso una etapa de prosperidad material y desarrollo intelectual. Durante los treinta y dos años de esta prelatura, el estudio de las letras y las ciencias recibió un impulso fructífero en el monasterio, enriqueciéndose considerablemente la biblioteca. Todavía hay sesenta y siete manuscritos que datan de este período en la biblioteca de Avranches. Robert aumentó el desarrollo de los edificios al agregar la hostelería, la enfermería y construcciones dependientes al oeste. Erigió, frente a la fachada occidental de la iglesia, un porche flanqueado por dos torres, de las cuales solo unos pocos cimientos se encontraron en 1875, bajo el pavimento de la plataforma occidental. De estas dos torres, la del sur se derrumbó poco después de su construcción. Contenía la biblioteca que fue parcialmente destruida.

   Tras la muerte de Robert de Torigni, la prosperidad de la abadía alcanzó su punto máximo. Durante la conquista de Normandía por Philippe Auguste, en 1203, Guy de Thouars asedió el Monte. Prendió fuego a la ciudad y las llamas se elevaron a la abadía, de la cual todos los edificios que se encontraban sobre el pueblo fueron destruidos.

   Con Jourdain se reafirma la nacionalidad francesa y el genio artístico francés. Relee el pensamiento de Hildeberg II y se crean el Gran Salón y la Bodega. Raoul des Iles continuó el trabajo en la Salle des Hôtes y la Salle des Chevaliers, que Thomas des Chambers terminó. Éste, de 1218 a 1225, construyó el Refectorio, modificó el frontón norte del crucero románico contra el cual estableció el lavatorio de los monjes y comenzó el Claustro. Su sucesor, Raoul de Villedieu, ejecuta la capilla de Saint-Etienne.

   La abadía era rica y despertó mucha lujuria. Aún no tenía, ni la ciudad a sus pies, ninguna fortificación. Richard Tusrstin, elegido abad en 1236, se comprometió a fortificar la entrada, que  la había transportado al fondo del edificio levantado por él al este de la iglesia que se llamó Belle Chaise. Gracias a la munificiencia de San Luis, que vino en peregrinación hacia 1254, cubrió las escarpaciones del norte con fortificaciones y construyó la Torre Norte. A este abad también se le atribuye la parte central de los edificios de la abadía al mediodía y el comienzo del Capítulo en el extremo occidental de la Merveille.

   Con el padre Guillaume continuaron las fortificaciones en dirección sureste y construyó, en la base de la roca, las tiendas de la abadía. Tras varios incendios por rayos, en 1386, bajo el abad Pierre le Roy, se rehizo la cima de la Torre de los Corbins. Creó la Torre Perrinne contra la fachada sur de Belle-Chaise y construyó, frente a la entrada, el Châtelet, así como la pared que lo conecta con la Merveille. Luego se crearon la Barbacane, la Tour Claudine y el Grand Degré.

   Los primeros años del siglo XV fueron muy duros. El 10 de noviembre de 1421, el coro de la iglesia románica se derrumba, comprometiendo la solidez de los pilares del campanario central. Al mismo tiempo, los ingleses apremian. Ayudados por Robert Jolivet, asediaron el Monte y trataron de reducirlo por el hambre. La heroica resistencia de los Montois superó sus sucesivos asaltos. En 1434, derrotados por la guarnición comandada por Louis d’Estouteville, capitán del Monte, los ingleses abandonaron su artillería.

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

   Los dos cañones que actualmente se colocan en la entrada de la Barbacane, son los gloriosos trofeos de esta memorable victoria ganada por unos pocos cientos de héroes contra todo un ejército al mando de los hombres de guerra más distinguidos de Inglaterra. En 1435, aprovechando una tregua temporal, Louis d’Estouteville se apresuró a reorganizar las fortificaciones de la ciudad de acuerdo con el progreso de la artillería. Para proteger la puerta, construyó, delante, la barbacana, especialmente dispuesta contra los proyectiles. La lucha duró hasta 1450 cuando, derrotados en Formigny, los ingleses abandonaron Normandía y fueron expulsados definitivamente de Francia, reteniendo solo Calais que tuvieron que evacuar en 1558.

   En 1469, Luis XI instituyó la Orden de los Caballeros de Saint-Michel. El trabajo en el coro, interrumpido en 1482 por la muerte del cardenal d’Estouteville, fue reanudado en 1499 por Guillaume de Lamps, con quien volvió a incendiarse el campanario y lo reconstruyó al mismo tiempo que erigía otras construcciones en las cercanías de la vivienda de la abadía y, en particular, la citerne de l’Aumônerie. Su hermano, Jean de Lamps, completó el coro. Bajo su prelatura, Francisco I llegó en peregrinación al Mont-Saint-Michel. En 1530, Gabriel du Puy, erigió la Torre Gabriel, para completar las defensas en el lado accesible y construyó Avancée y el  Corps de Garde des Bourgeois, frente a la barbacana.

   Con el Imperio de Napoleón I, Saint-Michel es una prisión central hasta 1863, donde numerosos líderes revolucionarios franceses como Blanqui o Raspail fueron presos. Victor Hugo y otros escritores románticos del siglo XIX denunciarán este uso de la abadía del Mont Saint-Michel.

   En 1874, el Mont Saint-Michel es declarado monumento histórico por el Estado, lo que marca su renovación. En 1888, la célebre Mère Poulard crea su albergue en el corazón de la ciudad medieval, lo que hace que se extienda la buena reputación en gastronomía del Mont Saint-Michel por el mundo.

    En 1897, el arquitecto Petitgrand erige la aguja neogótica de bronce en la cima de la abadía, lo que da al monte su silueta definitiva. La célebre estatua de oro del arcángel Saint-Michel completa el edificio, que se situará a 188 metros por encima del mar.

    A finales del siglo XIX, el Mont Saint-Michel será unido al continente por un dique-carretera, que lo hace más accesible abriéndose al turismo. Durante los años siguientes se convierte en el primer lugar turístico cultural francés.

   Habrá que esperar a 1969 para el regreso de la comunidad benedictina que habían sido echados durante la Revolución francesa, y con ellos, el renacimiento espiritual del Mont Saint-Michel.

   Desde que fue declarado en 1979 Patrimonio Mundial por la UNESCO, no deja de recibir visitantes y peregrinos que vienen a admirar la maravilla del lugar.

   Tras este repaso a la parte más interesante de la historia de la isla, y dejando para el lector la controversia sobre la arquitectura creada en los últimos doscientos años para facilitar el acceso del visitante a la isla, nos vamos recordando a Victor Hugo:

   Mont Saint Michel es para Francia lo que la Gran Pirámide es para Egipto.
   Debe preservarse de cualquier mutilación.
   Mont Saint Michel debe seguir siendo una isla.
   Esta doble obra de naturaleza y arte debe preservarse a toda costa. 

    En menos de una hora, levitando, llegamos a una visita corta, pero muy importante para nosotros. En las guerras hay vencedores y vencidos, aunque todos pierdan. Pero en las guerras hay muertos, y ésta es nuestra primera visita a un cementerio militar.

Saint-James
Cementerio de Saint-James

   El cementerio militar estadounidense de Saint James, en realidad situado en Montjoie-Saint-Martin, recoge en 4408 tumbas los cuerpos de 4410 soldados. Hay 4327 cruces latinas y 81 estrellas de David. Este cementerio, inaugurado oficialmente el 20 de julio de 1956, recoge a los soldados cuyas familias querían que fueran enterrados en tierra extranjera, y que se encontraban en catorce cementerios. La mayoría fueron asesinados durante la liberación de Bretaña, el avance de Avranches y la dura lucha alrededor de Saint-Lô y Mortain. En una pared están grabados los nombres de 498 soldados cuyos cuerpos no han sido encontrados.

Fougères
Fougères

   A las cinco de la tarde llegamos a Fougères, la última parada del día. Esta ciudad de 20000 habitantes, sobre el río Nançon, es famosa por su castillo. Su visita se acompaña de un itinerario escenográfico en el que, entre historia y leyenda, reconstrucciones visuales y sonoras, se ilustra el importante papel que desarrolló la ciudad fortificada en la defensa del ducado. Siguiendo los pasos de los personajes míticos, la arquitectura de ayer se combina con la actual y las piedras medievales se integran con el frescor de los jardines situados al pie de las fortificaciones.

   El castillo se construyó en el siglo XI en un meandro del Nançon y siempre ha aprovechado esta protección natural. Su sistema de defensa se ha ido perfeccionando, para pasar de la torre de madera a la inmensa plaza fuerte del siglo XV. En el barrio de Saint-Sulpice, al pie del castillo y junto al río, los curtidores, tejedores y tintoreros instalaron sus molinos, mientras que los comerciantes, artesanos y banqueros se establecieron en la colina que domina el valle. En el siglo XIII, Raoul III, barón de Fougères, mandó rodear la ciudad de murallas y, posteriormente, los burgueses tomaron el poder político y edificaron un ayuntamiento y una torre defensiva. Tras los incendios del siglo XVIII, la ciudad alta se reconstruyó con piedra siguiendo los planes urbanísticos inspirados en el arquitecto real Gabriel. A finales del siglo XIX vivió una auténtica revolución industrial y se convirtió en la «capital del calzado».

   El castillo de Fougères, una de las fortificaciones medievales mejor conservada en Bretaña, describe un plano irregular en su conjunto: ofrece una base atormentada, como la roca en la que se eleva. Sus murallas, que aún conservan su corona de almenas, están flanqueadas por once torres de diferentes tipos de arquitectura y diferentes épocas.

   La entrada fue defendida por tres torres, unidas por una muralla, ahora parcialmente destruida. Se comunicaba con la ciudad por un puente levadizo que daba paso al primer canal de la Couarde, y con el castillo por otro puente que bajaba por un segundo canal. Estas tres torres presentan las características de la arquitectura militar del siglo XII, y fueron construidas por Raoul II cuando restauró el castillo en 1173. Llevan los nombres de los tres gobernadores que fueron los autores de sus reparaciones: de Hallay (s. XIII)  a la izquierda, de Guémadeuc (s. XIII) a la derecha y de La-Haye-Saint-Hilaire (s. XII) sobre la puerta. Como no tienen ángulo muerto permiten a los defensores evitar los ataques por sorpresa.

   La barbacana es un recinto atravesado por un foso inundable, y corresponde al primer conjunto de obras defensivas. Consta de varias torres que datan de los siglos XII y XIII. Entonces la barbacana hacía las veces de trampa. El asaltante quedaba atrapado bajo los tiros cruzados procedentes de las diferentes torres. Queda en pie la torre Coigny. La torre Coëtlogon cerraba el recinto y marcaba la entrada del patio exterior.

   El patio exterior, el espacio más amplio de la fortaleza, era en tiempos de paz el escenario de la vida diaria. En tiempos de guerra, sirve de refugio a la población. Incluía varias construcciones: edificios de viviendas, de ganadería, de almacenaje, talleres, capilla, dependencias señoriales y huerto. De las imponentes dependencias, bien expuestas y actualmente en ruinas, sólo se reconoce la sala pública. La chimenea, las columnas de granito que soportaban el suelo de la planta y las ventanas con bancos de piedra lo convertían en un prestigioso lugar de recepción. Asimismo, era ahí donde el señor se encargaba de hacer justicia. Situado frente a la vivienda, el pozo era el único punto de agua potable del castillo.

   El patio interior servía como último refugio en caso de ataque. Era el punto culminante del lugar. Allí se erigió el primer castillo de madera hacia el año mil. Este espacio revela una configuración muy poco frecuente, dada la presencia de dos torreones: las torres de Gobelins y Mélusine. Consolida así la importancia de la fortaleza y la ambición de los señores de Fougères durante toda la Edad Media. En el centro, los cimientos de un imponente torreón, que probablemente nunca fue edificado, sugieren un cambio de estrategia defensiva.

   La poterna es una puerta secundaria fortificada edificada a mediados del siglo XV para reforzar la defensa al noroeste del castillo. Como domina los fosos, permite supervisar su dispositivo de llenado. A ambos lados de la puerta, las torres de Amboise, que se llaman así en honor a la esposa del duque de Bretaña Pedro II, Francisca de Amboise.

   A finales del siglo XV, el duque de Bretaña, Francisco II, reforzó la defensa de la muralla sur del castillo. Ordenó la construcción de dos enormes torres de artillería, Surienne y Raoul, ambas coronadas con matacanes. Este dispositivo innovador para resistir a los cañones franceses no fue suficiente. El castillo fue tomado por las tropas de Carlos VIII en julio de 1488.

   A partir del siglo XII, el castillo se dota de cuatro molinos de harina. El río Nançon suministra el agua para estas ruedas con álabes. Su rendimiento es bastante importante, dado que se considera que cada molino podía suministrar 100 kg. de harina por hora. En la actualidad, una de las ruedas está conectada a una dinamo que suministra electricidad al edificio de entrada.

   Nuestra visita a esta ciudad se reduce a visitar el castillo y un par de calles. Entre otras cosas, nos perdemos la visita a la iglesia de Saint-Sulpice (s. XI), pero el día ha sido variopinto y con mucho sedimento. Nos vamos a dormir a Laval,  ciudad de 50000 habitantes. En el distrito de Bourny, en el centro de un caracol donde te pierdes dando vueltas en círculo, está el Manoir de Rouessé, un lugar diferente.

Manoir de Rouessé
Manoir de Rouessé

   Subiendo por estas escaleras llegamos a nuestra habitación. Cenamos algo que habíamos comprado en Fougères, pero antes nos dimos un paseo por el bosque del recinto. Nos atendieron el propietario, del que hablaré mañana, y uno de sus cinco hijos. A su esposa no llegamos a ver. Descansamos genial.

Imágenes del día

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel

Saint-James
Saint-James

Fougères
Fougères

Laval
Laval

Día 10 de agosto. Bourseul – Le Mont-Saint-Michel – Saint-James – Fougères – Laval

Ruta día 10
Ruta de la jornada 10