25/10/2026

Día 5: Brocéliande – Josselin – Concarneau

   Segundo y último desayuno en Pontivy. Como ayer, genial. Seguimos rodeados de holandeses. Tras pagar la estancia nos dirigimos al Bosque de Brocéliande. Este bosque, Forêt de Brocéliande está a 66 kilómetros al este de Pontivy. Bueno, al menos la zona que recorrimos nosotros. Llegamos a Beignon a las once menos cuarto, y tras aparcar en la plaza de la iglesia, al pie de la carretera tomamos un café en el Hôtel O2B Aux Berges de Brocéliande.  Ya llevamos ropa para andar por el monte, sólo nos falta coger las botas y los chubasqueros,  porque ha empezado a llover.

Beignon
Beignon

  Cruzamos la carretera, atravesamos una calle con casas y ya estamos en el inicio de nuestra travesía. Hemos decidido hacer unos 15 kilómetros en total, así que siguiendo  las señales del camino dejamos atrás los últimos restos del pueblo y nos metemos por una ruta entre árboles. Los dos enlaces que he puesto arriba os pueden servir para planificar una estancia de varios días por este bosque lleno de encantos, historias y leyendas. Nosotros, como íbamos a hacer una ruta de tres horas, elegimos algo más íntimo y suave: el valle del Aff. Este lugar está escondido, aislado del mundo, lo que le da una atmósfera misteriosa, atemporal, en el mítico bosque de Brocéliande. Recorrer los senderos del valle es seguir los pasos de Lancelot y Guenièvre para seguir sus amores perdidos.

   El valle toma el nombre del río que lo cruza. Una corriente que, desde su origen, fluye a través de la lutita púrpura del suelo. Es una verdadera burbuja de calma donde es bueno perderse en la abundancia de la vegetación y sumergir la punta de un dedo del pie en el agua transparente.

   Hay que tener cuidado durante el paseo, ya que el valle esconde nutrias europeas (que las vimos al otro lado del río), serpientes de hierba y korrigans bromistas (enanos bretones).

   Este pequeño rincón del bosque es un paraíso de clorofila, lleno de grandes árboles. Deambulando por el bosque nos adentramos en un remanso de paz.

   Se cuenta que es aquí, en el fondo del valle, donde Lancelot, valiente caballero del rey Arturo, y Guenièvre intercambiaron su primer beso. También se afirma que después de este beso, Lancelot llevó a Guenièvre a la Roca Resbaladiza, que se acostaron … y el bosque quedó en silencio, el Aff se congeló y el viento se detuvo.(¡Qué bonito!)

   Para no volver por el mismo camino, y guiándonos por el gps del móvil tomamos un camino que nos llevó a una carretera de acceso a media docena de casas perdidas en este mundo de árboles centenarios, el camino de los Grandes Brezos. Tuvimos la suerte de que dejó de llover, y con el chubasquero en la cintura volvimos al coche.

   Fueron tres horas mágicas. Solos con la naturaleza. Un contrapunto en el viaje. Chachi. Nos cambiamos de calzado y marchamos a 33 kilómetros al oeste, a Josselin. Teníamos un hambre feroz, así que nos fuimos a una de las calles más concurridas, y tras ser rechazados en el primer sitio (debían ser las dos y media) en el segundo nos dieron de comer una pizza y una pasta, con cidre. Josselin tiene mucho encanto, y sobre todo ello, un castillo maravilloso.

   La historia del Castillo de Josselin se remonta a principios del siglo XI. En 1008, Guéthenoc, vizconde de Porhöet, decide edificar un casco urbano y un castillo sobre este promontorio rocoso que domina el valle del Oust. Su hijo, Goscelinus, da su nombre a esta plaza fuerte y también a la ciudad que comienza a desarrollarse alrededor.

   En el siglo XII tiene lugar una grave crisis histórica, cuando el rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet intenta apoderarse del ducado de Bretaña. En 1168, para vengarse de los señores feudales bretones que le hacen frente -entre ellos Eudeon de Porhöet, propietario de Josselin- ordena arrasar el castillo. Luego rapta a la hija del dueño, la deshonra y la mata. Unos años más tarde, Eudon de Porhöet hace construir un nuevo castillo.

   En 1351, se desarrolla un episodio histórico memorable no lejos de Josselin, cerca de Ploermel: el famoso «Combate de los Treinta». Por la tarde, después del combate, el capitán de Beaumanoir, vencedor, lleva a los prisioneros a Josselin y los hace ejecutar.

Josselin
Château de Josselin

    En 1370, tras un intercambio con su primo el conde de Alençon, Olivier de Clisson, condestable de Francia, es el nuevo propietario de Josselin. A partir del castillo existente, Clisson hace edificar una auténtica fortaleza. Tres torres, cubiertas de matacanes y parapetos, son edificadas por encima del río, así como una cuarta torre, actualmente llamada «torre aislada». También hace construir un torreón, que le sirve de residencia. Finalmente, Clisson hace edificar un castillete en el emplazamiento del actual puente levadizo. Al morir Clisson en 1407, Josselin es una espléndida fortaleza y una amplia residencia suntuosamente amueblada. Por herencia y unión matrimonial, el castillo pasa a ser propiedad de los Rohan.

    A finales del siglo XV, Josselin pasa por una etapa nueva. El nieto de Clisson, Alain IX de Rohan, hace construir una morada. Este edificio, de 70 metros de largo, estará dotado de una espléndida fachada, testimonio excepcional del gótico flamígero y del renacimiento bretón.

    El hijo de Alain IX, Jean II, prosigue las obras y las termina hacia 1520, gracias a subsidios otorgados por el rey Charles VIII en agradecimiento al apoyo que Jean II le brindara favoreciendo matrimonio con la duquesa Anne de Bretagne, su sobrina.

    Esta fachada es un verdadero encaje de granito. Cada una de las galerías que se extienden entre las ventanas luce motivos diferentes. En el centro, la divisa de los Rohan, A PLUS. A la izquierda, una reja hecha de pequeños rombos, emblema de los Rohan. A la derecha, armiños, emblema de Bretaña. La envergadura del techo y la altura de los tragaluces, con dos pisos de ventanas, que contrastan con la horizontalidad de las galerías, aportan gran armonía al conjunto.

    En el siglo XVII, en el momento de las guerras de religión, Henri de Rohan, general en jefe de los Calvinistas, se rebela contra el poder real. Para castigarle, el cardenal de Richelieu hace desmantelar la plaza de Josselin en 1629. El torreón y parte del recinto son destruidos. Hacia 1760, el castillete, ya en ruinas, será derribado.

    La verdadera restauración del castillo comenzará en 1860. Hacia 1911 se creará el jardín a la francesa. Hoy en día, el castillo sigue siendo habitado y mantenido por la familia Rohan.

   El comedor. Esta sala de 16 metros de largo y 9 de ancho fue completamente remodelada y decorada hacia 1880, al efectuarse la restauración del interior del castillo. En el fondo, una estatua ecuestre del condestable Olivier de Clisson, realizada en 1892. Arriba, a la izquierda, la divisa de Clisson, en francés antiguo «pour se qui me plest«. Alrededor de la sala unos paneles esculpidos están adornados con los nombres de la esposa, Herminie, y de los niños del duque Alain de Rohan.

    Estos paneles de roble fueron dibujados por el arquitecto Henri Lafargue, quien se encargó del acondicionamiento interior de Josselin, así como del embaldosado, la iluminación, el mobiliario y la chimenea, sobre la que se puede leer el nombre del duque Alain. Es la razón por la cual esta sala constituye un testimonio notable del estilo decorativo que imperaba a finales del siglo XIX, fuertemente inspirado en la Edad Media.

    Encima de la gran mesa, tres elementos de un centro de mesa realizados en el siglo XVIII. Sobre el otro buffet, del  lado del patio, dos jarrones de loza holandesa de Delft, así como una estatua que representa a santa Elisabeth de Hungría.

    Bajo el techo, de ambos lados de la sala, figuran diferentes blasones de las familias de Europa emparentadas con los Rohan.

    La antecámara. En esta habitación se pueden admirar algunos retratos de familia. A la izquierda de la ventana,  un hermoso Henri de Rohan de cuerpo entero, general en jefe de los calvinistas. Después del desmantelamiento del castillo ordenado en 1629 por el cardenal de Richelieu, éste se dirigió a Henri de Rohan en la Corte, diciéndole: «Señor Duque, acabo de tirar una tremenda bola en su juego de bolos…«.

    Al fondo, un retrato de Louis de Condé, llamado «Grand Condé», con un traje de general Romano. Debajo, el busto del duque Alain de Rohan, realizado en 1910 por el célebre escultor Auguste Rodin.

    A la derecha, un retrato del rey Enrique IV,  primo segundo de Henri de Rohan. Un retrato del almirante Chabot, favorito de Francisco I, realizado por Lagrenée en el siglo XVIII. Luce la Orden de la Jarretera, que fue conferida por el rey de Inglaterra Enrique VIII durante el Campamento del Drop d’Or en 1520.

    Finalmente, un retrato de Guy Chabot, conde de Jarnac, autor del famoso «golpe de Jarnac».

    El gran salón. Esta sala, de las mismas dimensiones que el comedor, está dominada por una magnífica chimenea monumental, edificada a principios del siglo XVI. Sobre esta chimenea de granito, pintada en el siglo XIX, se encuentra la divisa de los Rohan, A PLUS. En la lazada de la letra P, figura la cabeza de un hombre que podría ser Jean II. Otros motivos esculpidos, pequeños personajes, jabalíes, un halconero, evocan el tema de la caza. A la derecha, en un caballete, un retrato del duque Alain de Rohan, padre del propietario actual, ejecutado por su amigo Trafford Klots, retratista americano de renombre. Encima de la cómoda, un retrato del duque Josselin de Rohan, pintado por Jean-Gabriel Domergue en 1916.

    Entre las ventanas, encima de la consola de madera dorada, un retrato del almirante Ducasse por Hyacinthe Rigaud. Debajo, un hermoso reloj y dos candelabros de bronce macizo, regalos del rey Luis XV a la familia Rohan. De cada lado están dispuestos jarros de porcelana de Sèvres, regalos del rey Luis XVI.

    A ambos costados de la consola, un retrato al pastel de Louis-Antoine de Rohan Chabot, y de su esposa Sophie de La Rochefoucauld. Fue protector de las artes y célebre mecenas a finales del siglo XVIII. A la derecha de la consola, sobre un caballete, un retrato al pastel del rey Luis XV de niño, por la artista veneciana Rosalba Carriera.

    A la derecha, un retrato del cardenal de Rohan, el primero de los cuatro cardenales de Rohan arzobispos de Estrasburgo. En el medio, un retrato del rey Luis XIV. Se trata de una copia del célebre retrato pintado por Rigaud, que se encuentra en Versailles. Debajo, un hermoso escritorio de cilindro, realizado en el siglo XVIII por el ebanista Theuné.

    Las piezas de mobiliario fueron casi todas realizadas en el siglo XVIII, en particular el conjunto de sillones y sillas dispuesto delante de la chimenea, obra del ebanista Heurtaut, hacia 1760. A la derecha, un conjunto de sillones en tapicería del ebanista Avisse. En el suelo, una alfombra de 10 metros de largo y 4.35 de ancho, realizada a principios del siglo en la Manufactura des Gobelins.

    La biblioteca. Consta aproximadamente de 3000 volúmenes, que abarcan desde el siglo XVII hasta la actualidad. Entre los motivos decorativos, se encuentra la inicial A de la duquesa Anne de Bretagne, y adornos en base a cordones, su emblema, pero también salamandras, emblema de los Visconti, parientes de los Rohan.

    Delante de la chimenea, una mesa de juego, rodeada de sillas llamadas «voyeuses» (mironas). En efecto, estas sillas , sobre las cuales los curiosos se sentaban a horcajadas detrás de los jugadores, permitían observar el juego. Detrás del escritorio, una mesa-taburete, realizada bajo el reino de Luis XVI. Delante del escritorio, dos sillones del ebanista Tillard.

    A la derecha de la ventana, un retrato de Jacques Chabot, marqués de Mirebeau, quien se encontraba en la carroza del rey Enrique IV cuando este último fue asesinado en 1610. Sobre la pared que da al patio, tres retratos representan a las esposas de los vizcondes de Rohan. Finalmente, en la pequeña antecámara, al salir, dos hermosos retratos que representan a Marguerite de Rohan y a su esposo, Henry Chabot, pintados en el siglo XVII por Charles Beaubrun.

Josselin
Château de Josselin

   Hemos estado media hora esperando en la cola para entrar al castillo. En el jardín francés creado por el renombrado paisajista Achille Duchêne destacan ancestrales secuoyas y cedros, cerca del puente levadizo. Muy cerca se encuentra el jardín de las rosas, donde crecen más de 40 variedades de rosas diferentes. La propiedad dispone también de un jardín inglés, situado a lo largo de un pequeño riachuelo donde crecen azaleas y camelias. Nos rodearán elevados árboles y la naturaleza nos envuelve con sus aromas mientras contemplamos las múltiples plantas y flores que allí habitan. Casi frente a la entrada principal del castillo, tenemos el pozo maravilloso.

   La vida de Josselin se desarrolla por la zona de la Place de Alain de Rohan. Muchas casas entramadas de madera y mucho negocio turístico.

   Josselin fue una etapa fundamental en la ruta de los duques de Bretaña. Surge en el recodo del camino, agazapada junto a una colina culminada con el imponente castillo de los Rohan, una fortaleza inexpugnable sobre un peñasco, cuyo destino está íntimamente vinculado a las vida de la ciudad.

   Fue fundada en el siglo XI por el vizconde de Porhöet y creció gracias a los prioratos de Sainte-Croix, Saint-Martin y Saint-Nicolas. El castillo, destruido por Enrique II Plantagenêt, fue reconstruido con piedra a finales del siglo XII y se fue desarrollando progresivamente. La ciudad está rodeada de murallas. Hacia 1500, Jean II de Rohan edificó una nueva residencia. Entre los siglos XV y XVIII la ciudad vivió un periodo de prosperidad gracias al textil, al curtido y a las ferias. A mediados del siglo XVIII entró en declive, hasta que en el siglo XIX recuperó cierto dinamismo gracias a la canalización del río Oust y al desarrollo del culto mariano. Por sus callejuelas cuesta que el visitante no caiga rendido a los encantos de esta ciudad medieval que ha sabido conjugar el patrimonio arquitectónico antiguo con la modernidad. Las casas medievales de entramado de madera nos dejan perplejos. La más antigua es de 1538.

   Pero la ciudad de los Rohan es dual. Asentada a una orilla y otra del Oust, hasta la Revolución tuvo dos obispados: Saint-Malo al norte del río, sede de la ciudad alta, y Vannes al sur, perteneciente al priorato de Sainte-Croix con su retahíla de casas medievales coloridas que asciende hacia el santuario. El castillo luce en la fachada que da al Oust el aspecto de una fortaleza medieval, pero desde el jardín parece una residencia de descanso con un bonito estilo gótico. La ciudad nació hace mil años gracias al descubrimiento del mineral y del agua, granito y Oust, lo civil y lo sagrado, y como Jano, el dios mitológico de las dos caras, se prepara, tras contar su pasado, para predecir su futuro.

   Tras visitar este pueblo de unos 2500 habitantes cogemos el coche y nos vamos a Concarneau que está a 127 kilómetros (hora y media en coche). Tenemos reservadas dos noches en Grande chambre d’hôte centre ville en la Rue Dupetit-Thouars, 70. Es un apartamento en la planta baja de una casa, con jardín. Todo en perfecto estado. Los propietarios son una madre y su hijo. Marie y Pierre. Nos recibe Pierre. Trato exquisito. Sólo queremos dormir. Estamos a diez minutos andando del centro de Concarneau. Es un pueblo de 17000 habitantes. 

   Con 19 kilómetros de costa, tiene senderos de gran recorrido GR al borde del mar. Refugio de marinos, los puertos de Concarneau cuentan con una importante flotilla anclada en el corazón de la ciudad. Mirando al puerto, la identidad marítima de Concarneau se confirma: lonja, astilleros,… Tiene un castillo del siglo XIX, Keriolet.

   Pero nosotros hemos venido a Concarneau por ser un lugar próximo a nuestras próximas visitas y porque queremos conocer su ciudad vieja, la Ville Close.  Este islote fue el primer asentamiento de la ciudad y ya está datado en el siglo XIII. Fue rodeado de poderosas murallas en diversas fases. Es una ciudad defensiva y un paso ineludible de la ruta Quimperlé a Quimper.  Como herencia de este doble destino, la arquitectura defensiva de la ciudad fortificada protegió las viviendas más antiguas de la ciudad. En el siglo XIX, la multiplicación de industrias conserveras y la expansión demográfica propiciaron el desarrollo de diversos barrios en las orillas cercanas. Por tanto, la arquitectura de la ciudad extramuros es el resultado de su historia industrial y obrera, cuyas instalaciones portuarias se recogen en el Museo de la Pesca.

   Accedemos a la ciudad fortificada por un puente que une el islote con tierra firme. Es muy fácil de descubrir la espléndida fortificación, partiendo del camino de ronda excavado en las gruesas murallas y paseando por la calle Vauban, bordeada de casas con sus enseñas sobre la puerta y por las calles adyacentes.

Concarneau
Cena en Concarneau

   Muchísima gente a lo largo de las calles. Cenamos en La Maison de Carabousse. Una hamburguesa con ensalada y unas sardinas asadas, con un postre de plátano y chantilly. Para beber cidre. 47.70€. El lugar magnífico y la noche estupenda (unos 20 grados). Tras la cena paseamos entre las tiendas y compramos algunas galletas y pastas de mantequilla para tener en el coche. Son deliciosas y muy baratas. Las compramos en La Trinitaine. A las once y media llegamos a nuestros aposentos y tras charlar un rato nos acostamos, leemos un rato y cuando se caen los ojos, dormimos. Ha sido un día fantástico.

Brocéliande
Brocéliande

Josselin
Josselin

Concarneau
Concarneau

Día 5 de agosto. Pontivy – Brocéliande – Josselin – Concarneau

Ruta día 5
Ruta de la jornada 5